Más se perdió en Suresnes


Al final una andaluza consiguió defenestrar a un madrileño y poner en su lugar a un asturiano dispuesto a envolver el PSOE en papel de regalo, rematar el paquete con un lazo y entregárselo con toda la solemnidad a la derecha. Es de suponer que Rajoy, mientras tanto, encendería un puro en La Moncloa pensando que a veces la vida no es más que un chiste de gallegos. Alguien dijo no hace mucho que el PSOE es el partido político que más se parece a España. Va a haber que darle la razón. Al fin y al cabo, todo lo ocurrido en Ferraz 70 desde la fuga de los diecisiete hasta el comité federal, incluyendo a la máxima autoridad y los mariachis, podían haberlo escrito a medias Azcona y Berlanga, aunque sin duda ellos lo habrían rematado mostrando cómo un trabajador del partido volvía a sepultar el busto de Pablo Iglesias bajo la tierra del Retiro para instalar en su lugar otro de Felipe González, que es al fin y al cabo quien de verdad manda en el cotarro.

El PSOE vive acorralado entre la melancolía de la clase de tropa y el delirio de grandeza de una aristocracia orgánica que se resiste a asumir su decrepitud. Andan a vueltas con el interés de España, que debe de ser algo así como Dios porque todos hablan de él sin haberlo visto ni saber exactamente en qué consiste, y se enrocan en la necesidad de que gobierne la lista más votada porque aquí esto siempre se ha hecho así y, total, por mucho multipartidismo que haya, si al final sólo gana uno para qué vamos a rompernos la cabeza. El nuevo referente del socialismo internacional anda entre la gestora y el Congreso, como quien es a la vez protagonista y testigo de sus propios funerales, intentando convencer al personal de que abstenerse no es lo mismo que abstenerse y explicando cómo a la militancia hay que darle voz, pero no voto, porque los mortales suelen equivocarse. De otros temas, como la duración de su cargo eventual o el próximo congreso, no toca hablar ahora, que la vida son dos días y la mitad llueve. No es esta esquizofrenia del PSOE un problema exclusivamente suyo, sino perfectamente aplicable a todos los partidos, que, cada uno según sus posibilidades, se han ido convirtiendo en organismos endogámicos y poco o nada ventilados donde, más que las ideas o las capacidades, importa estar dispuesto a elogiar en el momento justo a la persona conveniente. Sin embargo, sí es el que más lo sufre porque en el PP esas cosas importan poco, en IU es como si no ocurrieran y Podemos y Ciudadanos son aún demasiado jóvenes para haber contraído la metástasis. Hay quienes aventuran que esta vez las heridas son tan profundas, y los enemigos tan numerosos y tan fuertes, que la cosa tiene mal arreglo. Otros mantienen contra viento y marea el optimismo. Hace poco escuché a un antiguo cargo intermedio de una agrupación local consolarse con una sentencia, para él, irrefutable: Más se perdió en Suresnes, y al poco sacamos la absoluta.                      

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