«Trump es un cerdo, es un perro, es un macarra»


Una de las cosas que hace muy grande a Estados Unidos es su capacidad para producir perlas como el vídeo de un minuto que Robert de Niro grabó hace poco. En una campaña en la que presuntamente se quería promover el voto, el voto en general, De Niro se vino arriba y desahogó toda su frustración contra el candidato republicano, Donald Trump. Bien sea preparado, como actorazo que es, o bien improvisado, da igual, el discurso fue grandioso y demoledor: «Es un cerdo, es un perro, es un macarra», afirma De Niro a saco, como si fuera el personaje de «taxi driver». «Es un desastre nacional, es una vergüenza para este país», dice del estrafalario candidato del tupé. Y continúa: «Estoy muy cabreado de que hayamos llegado a este punto en el que este tarado haya llegado donde está (?)». Más clarito imposible; merece la pena verlo en Youtube.

Quiero imaginarme algún personaje de la talla profesional e intelectual de Robert de Niro grabando un vídeo semejante en España. Lo deseo de verdad. No una imitación barata, no un chistecito de los tics de un personaje o una parodia maquillada y dulcificada. No. Una bofetada seria es lo que quiero, un corte de manga, lo que de verdad pensamos todos y nunca decimos más que en los bares. Pero en España llevamos cosa de dos o tres años tragando escándalo tras escándalo, chorizos en ristra que nunca acaban de ingresar en la cárcel, banqueros que roban la cartera a los pobres, alcaldesas y lideresas descaradamente estúpidas y corruptas, incompetentes que despilfarran nuestro dinero a chorros, bobos que sientan sus posaderas ignorantes en los escaños. Nos han dado burundanga por kilos y no sentimos ni padecemos: estamos a merced de los asnos y las hienas, ya ni protestamos.

Veámoslo de otra forma que no nos haga reventar las arterias del cuello. Digamos en nuestro favor que demasiado civilizados somos. En cualquier otro país menos sutil ya habría corrido sangre por las calles con sólo uno de los latrocinios bancarios. Si lo de Caja Madrid llega a ser Caja Sicilia, Caja Marsella, Caja Kiev o, atención, Caja Medellín, estaríamos hablando de un buen número de bultos sin cabeza colgando de los puentes de las autopistas. Afortunadamente, no somos así y dios nos libre de desearlo. Y sin embargo, ¿qué tal un poco más de insultar al personal, sin hacer sangre? Uno de los payasos del circo de Bankia se encaró a los policías en la puerta del juzgado porque unos jubilados que lo perdieron todo le estaban insultando y exigió que los identificara. Los agentes, obviamente, y de forma muy profesional, pasaron de su culo. También los policías son personas y han de estar hasta el ídem de tanto jeta. Qué menos que aguantar los insultos, ya que es muy probable que se libre del trullo por defecto de forma. Desde luego, en este país nos pierden las formas.

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