Alec Baldwin


Confiesan que les da vértigo. Sienten cosquilleos al pensar en sus chistes sobre los candidatos presidenciales. Porque no es la primera vez que los chicos de Saturday Night Live aprietan las tuercas de una campaña estadounidense. En un documental que repasa la historia del programa, uno de los nuevos cómicos cuenta que durante una tormenta de ideas alguien mencionó a Gerald Ford. Y él apuntó, «sí, el presidente más patoso de la historia». Un veterano le respondió: «No, solo tropezó una vez, tú te refieres a Chevy Chase». Este actor recreaba al personaje dándose golpes contra todo lo que se le pusiera a tiro y acababa colocándose un casco por lo que pudiera pasar. Cuando Ford murió, había pocos obituarios que pasaran por alto la imitación. En plena guerra entre George W. Bush y Al Gore, todos creían que el republicano saldría perdiendo en los sketch. Pero a muchos espectadores les pareció entrañable aquella parodia del político en la que Bush recurría a una especie de «pasopalabra» en pleno debate y lo interrumpía para tomarse una cerveza. SNL convirtió al aspirante en un chaval sencillote y a su rival, en cambio, lo apuntilló al retratarlo como un sabiondo elitista con acento insoportable. Todo el mundo conoce el final del cuento, con Bush en la Casa Blanca y Gore dedicado a sus batallas. Los guionistas confiesan que Sarah Palin se lo puso fácil. «Parecía que escribían sus discursos para nosotros», cuentan. La actriz Tina Fey solo tuvo que repetir las respuestas reales de una entrevista de la política para coronarse. Ahora Alec Baldwin borda a Donald Trump. Como dicen algunos, es tan bueno que da miedo. En el caso de Trump, nada es comparable al original. Lo lógico es que las mujeres lo agarren por las urnas para que acabe esta farsa.

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