Troceado y desperdigado


Lo más atractivo del Comité Federal que mañana van a celebrar los socialistas no es conocer la decisión en torno a la investidura de Mariano Rajoy, que después de los servicios prestados por Javier Fernández ya la adivinamos, sino ver en cuántos trozos queda despedazado el partido y la superficie que van a ocupar los desechos.

Porque se ha venido barajando con escaso rigor que en el PSOE hay dos bandos. Los que están por el apoyo a Rajoy, aunque ellos tratan de autoconvencerse con eso de que la abstención no es un voto favorable, y los que se mantienen firmes en el no. Pero en realidad las facciones son incontables. Los del sí, los del no, los pedristas, los susanistas, los pedristas del sí y los del no, los no pedristas, también del sí y del no, los unos y los otros que abogan por romper con todo y empezar de nuevo; los partidarios de pactar con Podemos, los que piden recuperar el voto conservador. En fin, una auténtica ensalada de tendencias y posturas que, por mucho que lo intenten, no van a llegar mañana a la unidad.

Pero queda todavía otra cuestión importante que resolver. Decidir el papel que van a jugar en la oposición. ¿Van a tener responsabilidad de Estado y apoyar al PP en cuestiones claves?, como dicen algunos, o, por el contrario ¿van a convertirse en una oposición férrea y poco dialogante que marque la agenda y las decisiones al Gobierno? Mucho me temo que no lo saben ni ellos mismos.

Llegados a este punto, la reconciliación de las diversas pandillas socialistas se antoja poco menos que imposible. Los rencores han ido creciendo durante años y en vez de combatirlos, los alimentaron a base de imposiciones y acciones inquisitoriales. Baste decir que quien hoy se presenta como salvadora, Susana Díaz, tiene en su haber hasta 32 golpes de mano en los órganos del partido. Solo en Andalucía.

Por eso, en realidad lo que mañana se decide en Ferraz es nada. Se cuidarán de no dar un espectáculo como el pasado; saldrán todos muy convencidos de la unión del partido y se abrazarán y besuquearán. Un engaño a sí mismos. Porque todos sabemos que lo que decide mañana el Comité Federal es cómo de troceado y desperdigado queda el partido.

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