Farturas mentales


Decía Winston Churchill que el éxito «es la capacidad de ir de error en error sin perder el entusiasmo». No hay nada mejor que dejar pasar unos días para poder analizar la reacción de una parte del Gobierno local de Oviedo respecto a los premios Princesa de Asturias y los actos que organiza. Rubén Rosón o Cristina Pontón han considerado que lo importante son sus razones y no la realidad, excluyendo de paso las razones de los demás.

La concejala Pontón, de IU, declaró en los prolegómenos de los premios que la Fundación Princesa de Asturias es una entidad privada y como tal no puede recibir dinero público para «darle bombo a una institución como la Corona». Hay que recordarle que España tiene un régimen de monarquía parlamentaria, avalada por una Constitución que, entre otras cosas, da carta de naturaleza a su elección como concejala. Incluso, si seguimos su discurso, debería su Gobierno eliminar cualquier subvención a cualquier entidad privada, como por ejemplo, esa ruta organizada por una fundación privada que recuerda la Revolución/Golpe de Estado de 1934. ¿Por qué esa fundación puede recibir una subvención? Porque se trata de la razón de Cristina Pontón, y no de la verdad, ni siquiera su verdad, la del criterio de reparto de subvenciones. Propongo que su partido, IU, gane unas elecciones generales y reforme la Constitución para acabar con la Corona. Mientras tanto, como decía Cicerón, «somos esclavos de la ley para poder ser libres».

Y luego están las farturas del concejal Rosón. Tener la hospitalidad de celebrar un almuerzo o un cocktail con invitados, premiados y acompañantes no veo yo que pueda calificarse de fartura, aunque esto entra en el terreno de lo opinable. Me interesa más el matiz que hace el edil cuando salva de este tema los actos culturales que protagonizan los galardonados. ¿Y por qué lo hace este año y no lo hizo el pasado? Primero, porque el ejercicio del poder sosiega los ánimos y abre la mente a la realidad, que es múltiple. Y segundo, porque el rotundo éxito de los actos, con la asistencia de miles de personas y la oportunidad de abrir a la sociedad espacios cerrados de habitual es un ejercicio de razonada verdad: la mayoría de la sociedad asturiana está con los premios. Aunque los concejales sigan entusiasmados con su error. Por cierto, es justo citar al alcalde y sus ponderados argumentos a favor de mantener la subvención.

Pueden Pontón y Rosón no estar de acuerdo con mis argumentos. En este probable caso, les rogaría que le preguntasen a su compañero diputado en el Parlamento asturiano que acudió, acompañado de un fotógrafo, a uno de los actos protagonizados por Hugh Herr, al que abordó una vez finalizado. Quizá él, médico de profesión, no esté tan en contra de unos premios que le han permitido hablar con una eminencia mundial. Pienso en la recién finalizada edición de los premios Princesa de Asturias y se me viene a la mente un pensamiento de San Agustín: «Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo».

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