El CIS acierta menos que la bruja Lola


Creo cada vez en menos cosas. Y las encuestas del CIS no son, precisamente, una de ellas: Se dan tantos batacazos y tan sonoros, elección tras elección, que lo que digan entre medias me la trae al fresco. Tienen tanta credibilidad y tan mal aspecto como la bruja Lola. El último sondeo vuelve a soltar con toda la jeta la manoseada palabreja del sorpaso; es decir, que el PSOE sea teóricamente superado por Podemos. Me parece que confunden deseo con realidad, pero en todo caso, y dicho esto, tampoco es descabellado pensar en una abstención cabreada de los votantes socialistas. Claro que es todo humo de pólvora, porque ni se esperan próximas elecciones ni el PSOE tiene siquiera en el horizonte un candidato. Igual es aquel que iba a sustituir a Felipe y está aún repitiendo el COU, a la vista del panorama en Ferraz.

En el PSOE se ha instalado un tufillo golpista. Sí, de golpe institucional en el que no se cuenta con la militancia y se derriba a un líder al que se echa a patadas para cambiar el rumbo de la historia o al menos para dar media vuelta a la nave. Hay en el asalto de Ferraz un trasfondo de realpolitik, de victoria pírrica que chorrea amargura y resignación: era esto o el harakiri electoral. La muerte o el suicidio asistido, vaya. En eso estamos de acuerdo. Pero de ahí a afirmar que se ha salvado la situación hay un abismo que no se supera en una sola legislatura, un abismo al que no ha llegado Pedro Sánchez sólo, sino el clima de hastío tras ocho años de crisis, la ineptitud, la sensación del personal de que toda la política española es un bodrio, una podredumbre que desborda a los jueces y que hay que cambiar a costa de lo que sea. Y no le falta razón al personal.

Lo que viene ahora en el socialismo español es un viacrucis que va a estar plagado de vendettas y plantas trepadoras, que por otra parte no faltan nunca, adosadas a la estructura. El PSOE andaluz, que no ha hecho precisamente un ejercicio de renovación, se presenta en este desierto como si fuera el bastión electoral y moral de todo el socialismo. Pero hay mucho que callar, en lo uno y en lo otro. En unos resultados en las urnas tan penosos como los del resto y una gestión con losas como un 28% de paro regional y otros asuntillos judiciales que más vale no mencionar mucho para no cabrear más a la gente. Como en todo golpe, es posible que ahora venga la represión: los que con todo su derecho y con bastante peso moral se opusieron a darle el gobierno a Rajoy sufrirán el castigo. Llegar a esto sería un error que haría más hondo el pozo. La sangre ya ha corrido. Ahora falta sudor y muchas lágrimas para recuperar la dignidad.  

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