Los sapos de Javier Fernández


Tras un octubre borrascoso, dramático como una novela de Thomas Hardy, el presidente del Principado alumbra un noviembre que quizá no esté a la altura del precedente, pero al que no van a faltar emociones, palabrerías y codazos: lo habitual en la política. Tras tragarse los sapos de la investidura de Rajoy, la cuidada barriga de Javier Fernández afronta otro desafío: dialogar con Podemos e incluso buscar un pacto fiscal y presupuestario. Si fue capaz de lo primero debería soportar lo segundo, aunque la deglución sea muy amarga.

Porque Javier Fernández, a tenor de sus discursos, no soporta muchas actitudes de los dirigentes de Podemos. No aguanta su populismo, su asamblearismo de concepto y de lenguaje (a veces cercano a las asambleas de un IES), sus guiños a los secesionistas, su obsesión antisocialista, su pureza de sangre roja. Es tal la distancia a veces (también generacional, no lo olvidemos) que las reuniones entre el presidente y los políticos de Podemos Asturies apenas han existido en este año y medio de legislatura. Pero de la misma manera que Javier Fernández asumió cuál era el objetivo de la gestora socialista (la abstención técnica), le toca ahora tragarse otro sapo y negociar directamente, sin emisarios, un presupuesto nuevo, junto a IU y Podemos. Afrontar el cara a cara con ganas y sin vacilaciones, que para eso es el presidente del Principado: suya es la iniciativa. ¿Tendrá que aguantar el lenguaje asambleario? Sí. Pero hay muchas cosas peores. Hay sapos que croan hasta 11.000 veces a la hora.

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