«Omega» y los ausentes


El niño descubre el misterio del flamenco de boca de un padre vallisoletano y payo. De un aficionado cabal, ortodoxo sin dogma, tradicional sin fanatismos, fundamentalista del arte flamenco pero capaz de maravillarse ante el pellizco, el duende, el compás, el desgarro, vengan estos de donde vengan, sea su origen más o menos jondo. En vinilos pulcramente manipulados o en casetes adquiridos en tiendas de música (¡las había, sí!), en mercadillos y en Simago, el niño crece con las enseñanzas paternas y con la banda sonora de géneros con nombre antiguo. Y con nombre antiguo también el elenco de cantaores y cantaoras que compartimos en el comedor de la casa familiar: Manolo Caracol, Antonio Mairena, Chocolate, Beni de Cádiz, La Niña de la Puebla, Bernarda y Fernanda de Utrera, Fosforito, Manuel Gerena, Lebrijano, Niña de los Peines, Antonio Chacón, Porrina de Badajoz, Agujetas, Arcángel, Bambino, Lola Flores, Marifé de Triana, Morente, Canalejas de Puerto Real, Chano Lobato, Antonio Chacón, Sordera, Gracia de Triana, Rancapino, José Meneses, Juana la del Pipa, la Paquera...

El niño va creciendo y al mismo tiempo llega con el padre a Lole y a Manuel, a Camarón, a Paco de Lucía. Y hacen palmas a compás por la alegría de lo nuevo. El niño ha seguido también otros caminos en música y en todo. Un día, aquel que fue un niño habla con el padre y le va desgranando la retahíla de nombres y razones del nuevo misterio. Lagartija Nick, Morente, Lorca, Cohen, el rock, el flamenco, los flamencólicos, la pasión, la revolución, Cañizares, Muñoz, la verdad, la mixtura, los caminos por recorrer, el riesgo, el compás, Estrella, el duende, la guitarra, la verdad, la rebeldía, el poeta, Tomatito, poeta en Nueva York, cante jondo, fusión, distorsión, Manzano, El Europeo, Amigo, Primavera Sound, Sal, Salazar, Omega, pequeño vals vienés, solo del pastor bobo, Manhattan, la aurora de Nueva York, sacerdotes, niña ahogada en el pozo, Adán, vuelta de paseo, vals de las ramas, aleluya, norma y paraíso de los negros, ciudad sin sueño.

Es lo único que el niño de suburbio castellano enseña de flamenco al padre. Hoy piensa que deberían ver juntos el documental de José Sánchez Montes sobre Omega que se estrena estos días. Sí, lo verán juntos pronto. El niño que ya no es niño verá el documental y al compás de la distorsión y de las palmas, con las palabras golpeando la garganta como el martillo en el yunque, se dirá que ya no está Morente, que ya no está Cohen, que ya no está el padre.

Valora este artículo

8 votos
Comentarios

«Omega» y los ausentes