La canción de Maluma


Contemplo en las diferentes redes sociales la agitación generada por la canción «Cuatro Babys» de Maluma. En la canción se relata la agitada vida sexual del cantante, ya que tiene que compaginar y repartir su tiempo con cuatro mujeres. Y, además, alardea de que cumple con creces con sus obligaciones conyugales; es un máquina, ni Julio Iglesias o el padre de Julio Iglesias.

Un gran número de personas piden la retirada por considerarla machista y vejatoria hacia las mujeres. En la plataforma CHANGE.org -caldo de cultivo y proliferación de idiotas- cuenta con más de 76000 firmas apoyando su retirada, en breve alcanzará en número de firmantes a la que aboga por la retirada de las Copas de Europa madridistas conseguidas bajo la dictadura franquista. Ambas peticiones son estúpidas, y no demuestran más que la masa borreguil es numerosa y, aunque parezca imposible, en ocasiones se organiza.

Maluma está triunfando en todo el mundo, vende millones de discos y colabora con los número uno de la industria músical.  Éste, no entra dentro de mis preferencias musicales, pero no puedo negar su valía, y ha de reconocerse su trabajo y esfuerzo. Unos dirán que es la suerte, pero a la suerte es a lo que recurre todo español envidioso de los éxitos ajenos: que no son pocos.

La letra menciona las peripecias sexuales del artista con cuatro mujeres al mismo tiempo, ¿dónde ven ustedes el machismo y el ataque a la mujer? Podría entenderlo antes como un ataque a la virilidad de muchos hombres, ya que no nos vemos capacitados para cumplir con semejante nómina de féminas.

Pero consideremos que sí, que es machista y deja a las mujeres a la altura del betún, de ser así, ¿debería ser prohibida la canción? ¿Es digno prohibir todo aquello que no es de nuestro gusto y agrado? Pues creo que no, que bajo ningún concepto se puede cohibir la libertad del artista. El arte ya no es libre, porque no dejamos que lo sea.

Soy un enamorado del cine de Tarantino, caracterizado por un uso excesivo de la violencia, y nunca se me ha ocurrido coger una Katana y empezar a desmembrar cuerpos. He seguido «Narcos» con absoluta devoción y he leído casi todo lo escrito sobre Pablo Escobar, y tampoco estoy pensando en montar un cártel y asesinar a cientos de personas.

Toda obra artística, de un tiempo hasta aquí, está siendo atacada; muchos buscan una función educadora y redentora en toda manifestación artística, y no debería ocurrir esto: es algo ignominoso. Parece que triunfa el trato paternalista hacia el espectador, un paternalismo extremo, como si no fuésemos capaces de distinguir entre la ficción y la realidad. La corrección política, que no es otra cosa que una forma de censura y de lavar los complejos de algunos, lo coloniza todo.

El fin de semana, mientras me tomaba una copa, sonó en el bar «Cuatro Babys» y la gente bailaba y seguía a lo suyo. Espero que ninguno de los firmantes del manifiesto movieran su cuerpo al ritmo de la canción, que parece que algunos salvan el mundo contra la barbarie de lunes a viernes, pero cuando empieza el finde abandonan el puesto de guardianes de las esencias del mundo.

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