Un respiro necesario


En los últimos tiempos, resultaba imposible entender los lazos que podían unir a Aznar con el PP. Las discrepancias eran superiores a las que uno y otros podían mantener incluso con la oposición. Por eso, a nadie habrá pillado por sorpresa la decisión de dejar la presidencia de honor del partido, que fue recibida desde Génova con un irónico «estamos de luto».

Porque si ayer no se descorchó champán en Génova 13 fue por mantener las formas, no herir sensibilidades y no dar más que hablar. Pero no dudemos de que desde la primera a la última planta acogieron la renuncia del gran líder del mundo mundial con extraordinario alivio por la cantidad de problemas que resuelve la decisión, entre ellos el de no tener a un presidente honorario cuestionando a quien él mismo colocó en la línea de salida hacia la presidencia.

Este no es el PP de Aznar. Los doce años transcurridos desde que dejó la Moncloa cambiaron la forma de hacer política, sobre todo cuando no se dispone de mayoría absoluta. Pero es que, además, el PP está en manos de una generación que no oculta los reproches a su papel en la guerra de Irak, que critica su forma de Gobierno y que, en privado y ya empieza a hacerlo en público, recuerda que la corrupción del partido se inició bajo su mandato.

La de ayer es una de las escasas decisiones acertadas de Aznar, porque todos salen ganando. Él dispondrá de mayor libertad para cuestionar las decisiones del Gobierno. Rajoy acaba con un molesto orzuelo y añade otro nombre a la larga lista de víctimas de su pachorra. Y los dirigentes y cargos populares ya no tienen que dividir sus lealtades.

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