Vivimos perdidos


Ya tienen otro héroe. El tunecino Anis Amri, muerto ayer por la policía milanesa después de asesinar a doce personas y herir a más de medio centenar en Berlín, es hoy ya un ídolo para cientos de miles de radicales yihadistas repartidos por todo el mundo y dispuestos a seguir sus pasos en aras de un mundo mejor en el que solo tienen cabida quienes mantienen sus creencias. Anis es uno de los muchos estandartes que van a mostrar en los próximos años, aunque nos cueste razonarlo.

También cuando vemos en televisión que unos padres cargan de explosivos los cuerpos de sus hijos de cuatro y siete años para que salten por los aires en un supermercado y vemos la forma en la que los enaltecen y lo orgullosos que se muestran minutos antes de enviarlos a la muerte, nos damos cuenta de que somos incapaces de entender su filosofía de vida. Porque, por mucho que los convenzan de que el mundo del futuro es el que ellos idealizan y por mucho que crean que en el más allá hay vírgenes, príncipes y coches de carreras, el ser humano desarrolla un instinto de supervivencia con el que es casi imposible romper.

Estamos perdidos ante quienes buscan destruir nuestras vidas y nos atacan cada mañana y cada tarde en cualquier lugar del planeta. Podemos sacar pecho, hacernos los valientes y decir que no nos van a doblegar. Ya nos han doblegado. Perdimos libertades, vivimos rodeados de policías, caminamos con temor, colocamos barricadas y desconfiamos hasta de nuestra sombra. Estamos en un escenario nuevo en el que no sabemos movernos.

Marie Curie, que recibió dos premios Nobel, decía que «a nada en la vida se le debe temer; solo se le debe comprender». No estaba en lo cierto, porque a nosotros nos ocurre todo lo contrario. Que no los comprendemos y les tenemos miedo. O, mejor dicho, pánico.

Valora este artículo

0 votos

Vivimos perdidos