«The Night Of»


Son estos días en los que se hacen cuentas. Balances. Resúmenes. En la ruleta, la bola salta con alegría del rojo al negro. Las vidas, las muertes, el gigantesco saldo de las creaciones humanas que se acumulan durante un año entero. Hay razones para maravillarse y avergonzarse, y sería demasiado generoso decir que a partes iguales. Al final, reconcilian con el mundo las pequeñas cosas que sobreviven a las estaciones y las obras que deslumbran sin tener demasiadas pretensiones como si trascendieran por accidente. No es necesaria una explicación del autor, una interpretación del crítico, una tormenta de ideas del club de lectura. Tan sencillo como un amanecer, una noche estrellada o la subida de la marea. Tan complicado. Simplemente una serie. The Night Of. Crimen, prisión, juicio. Personajes en gris, esos gloriosos derrotados que saben que cuando lleguen a su meta no habrá medallas ni aplausos, todos armados con una sombra que olvidar y una frase que recordar. La dignidad, la ira, la bondad, y el delito pintados con diferentes tonos de gris. En ese mundo no existen los dorados, para disgusto de Donald y Melania. En ese universo habita John Turturro, con sus chanclas y su gabardina, convertido ya para siempre ese abogado que sobrelleva como puede sus eccemas de piel, sus picores de alma, sus alergias a algunas soledades y a ciertas compañías. The Night Of es Nueva York en vena, de barrio y comisaría, y proporciona una bocanada de aire de metrópoli sin complejos en tiempos en los que se ondea la bandera de la América profunda para renegar de las virtudes y los pecados de la vieja Nueva Ámsterdam.

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