Están a tiempo


Tarde, pero a tiempo de restañar las heridas, que son muchas. El informe del Consejo de Estado responsabilizando a Defensa y a su ministro Federico Trillo del accidente del Yak-42 que se llevó la vida de 62 militares españoles, no hace más que colocar las cosas en su sitio; eso sí, trece años después, larga espera para confirmar lo que la práctica mayoría del país sabía y que quienes gobernaban entonces se negaron a admitir y a asumir.

El dictamen del órgano asesor para poco más sirve que como victoria moral para las familias de los fallecidos que llevan años pidiendo que se haga justicia. Porque los tribunales ya se han pronunciado. Pero pone de relieve la dejadez y la soberbia con las que aquel Gobierno de Aznar, con el ministro Trillo de recadero, actuó en este lamentable episodio. Avergüenza recordar las declaraciones y las comparecencias de entonces.

Experimentados pilotos se estremecen aún hoy cuando recuerdan las condiciones en las que se realizaban los vuelos que acabaron en tragedia. Y aseguran que de todos eran conocidas y que nadie tomó la decisión de poner fin a la locura. Pero es que, además, el rosario de despropósitos se coronó con reproches de demagogia y utilización de los muertos con fines políticos por parte de quienes los consintieron.

Por eso la decisión del Consejo de Estado ha de servir para reparar definitivamente el daño hecho. No puede quedar en un «ya está sustanciado judicialmente», como dijo Rajoy. Ni se pueden cometer más errores. El cese del embajador en Londres se hace imprescindible. Que Aznar, tan dado a hablar de lo divino, dé la cara, también. Como que pidan perdón por la arrogancia y el desprecio. Porque, aunque tarde, aún están a tiempo de decir «lo sentimos». Solo eso. Pero me temo que nos tienen tan poco respeto que ni eso harán.

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