Decepcionante reaparición


Los cientos de miles de españoles que no disfrutamos de la llegada de los Reyes Magos, ansiosos por asistir a la reaparición de José María Aznar, estamos decepcionados. Desencantados porque aguardábamos mucho más del carismático líder y, sobre todo, esperábamos que nos dejase su docencia y apostolado sobre los asuntos de actualidad. Pero ha decidido, con gran disgusto por nuestra parte, irse por la circunvalación del presente.

En su regreso a la tarima ante los empresarios valencianos, Aznar ha vuelto a poner en evidencia a su partido; nos deja unas cuantas lecciones de economía y se mostró crítico con que el pacto para un Gobierno en minoría se sustente en más gasto. Nada que no haya dicho ya cuando todavía ejercía la presidencia de honor de su partido y ponía de los nervios a los dirigentes populares.

Pero el erudito analista no ha abordado los asuntos que son materia informativa de estos días y sobre los que dispone del mejor de los conocimientos, por haber sido protagonista destacado de ellos. Ni mencionó el informe del Consejo de Estado sobre el accidente del Yak-42, de lo que sabe mucho; ni la petición de cuatro años de cárcel para su entrañable amigo Blesa; ni la convención de los gürteleros celebrada en la boda de su hija que está en los juzgados; ni de todos y cada uno de los escándalos de corrupción que se originaron en su época de mando y ordeno. De eso no habló, pese a ser especialista, el ex presidente honorario.

Dijo Plutarco que «para saber hablar es preciso saber escuchar». Y Aznar no sabe hablar bien porque no escucha. Si lo hiciese, oiría las voces de millones de españoles cansados de sus lecciones de decencia y que aguardan a que reconozca que los suyos fueron unos mandatos para el olvido. Unas legislaturas de vergüenza.

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