Una de banqueros


Hay una palabra para ese organismo que vive a costa del otro sin llegar a quitarle la vida. Hay otra para el animal que caza a los de otra especie. Y hay una diferente para el espécimen que se alimenta de la carroña, cuando la muerte ya ha puesto la carne a macerar. La crisis financiera dejó ejemplos de toda esta fauna. Muchos esperaban que, después de tanto ejemplo, se tomaran medidas ejemplarizantes. Pero fue pasando el tiempo. Y esa tierra de por medio es terreno propicio para la impunidad. Se abona pacientemente. Olvídenlo. Hay que mirar hacia adelante y mejorar la productividad. Al fin y al cabo, todos brindábamos con aquellas burbujas. Sí. Algunos se tomaban engañosos chupitos de agua mineral con gas y otros se duchaban con Moët & Chandon. Lo que se compartía generosamente era la resaca posterior. Lo curioso es que, cuando ya se había acabado el gran banquete, ciertos comensales pidieron el postre (póngame la prejubilación millonaria, es para llevar). Creyeron que continuaba el bufé libre: me sirvo ayudas públicas por aquí y me aliño bien el bolsillo por allá. Sin embargo, para sorpresa de casi todos, la Justicia española les ha retirado el mantel y ha enviado a prisión a estos banqueros por «inequívocos actos apropiatorios con fines de lucro personal». Un curioso brote verde en un país que, para tantas cosas, parece estar atrofiado. Una decisión que no es precisamente habitual en la Unión Europea. Un aviso para los que todavía hoy se creen intocables. Ya lo decía un personaje de esa crónica del batacazo inmobiliario estadounidense que es la película La gran apuesta: «Se están quemando y creen que huele a filete recién hecho».

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