El mundo al revés


Debo reconocer que me alegré mucho al ver la respuesta social que tuvo la convocatoria de la Marcha de las Mujeres en Estados Unidos. Un evento sin precedentes en un país que abusa del egoísmo, de mirar su propio ombligo y de imponer sus criterios a los demás. La pena es ver que esa movilización no se tradujera en votos el pasado noviembre hacia la candidatura de Hillary Clinton. Ahora es tarde y tenemos a una persona muy poco amable y fiable al frente de la primera potencia mundial.

Sus primeras decisiones lo evidencian: hará un muro entre EEUU y México (Enrique Peña Nieto ha cancelado el viaje que tenía previsto a Washington), ha eliminado el español de la web de la Casa Blanca y ha frenado la reforma sanitaria impulsada por Obama. A diferencia de lo que se podía pensar de que entre los republicanos y los demócratas no había grandes diferencias, está claro que en el caso de Trump sus maneras de ser, de actuar, de hablar y de tratar a los demás (empezando por su mujer, que allí adquiere el rango de primera dama) nos auguran unos cuatro años muy poco esperanzadores. Y esa situación la quieren recoger en Europa los partidos de ultraderecha, que se ven con opciones de dar más de un susto en países como Francia y Alemania. Sin ningún pudor critican a los inmigrantes y a los demandantes de asilo. Estos días estamos viendo el estado en el que se encuentran muchos sirios en Serbia y, una vez más, se vaticina el fracaso de la UE en ayudarles. Eso es también un caldo de cultivo para quienes buscan enfrentar a ciudadanos de un lugar con otro y sacar tajada de los descontentos sociales por razones económicas.

El mundo camina al revés por ahora. La cuestión es conseguir virar esta equivocada dirección poniendo al frente de las decisiones a gente que piense en dar un buen servicio a la ciudadanía y que respete a los demás.

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