El muro es él

Trump ya construyó un muro en Escocia y le mandó la factura a los vecinos


Donald Trump les dijo que eran unos sucios perdedores. Que no tenían derechos sobre aquella tierra. Que avergonzaban a sus compatriotas. Los insultó públicamente. Los amenazó en privado. Los bombardeó con todas sus armas legales. Levantó un muro ante ellos y después les envió por correo facturas hinchadas. No eran mexicanos. Ni musulmanes. Eran escoceses. Ciudadanos que suponían una molestia para la construcción del campo de golf que Trump construía cerca de Aberdeen. No vendían sus tierras, no apoyaban el proyecto, e incluso izaron banderas de México en sus jardines. No entraban en las dos principales categorías en las que parece que el magnate divide el mundo, más allá de su isla de privilegios: los que puedes comprar y los que puedes aplastar. David y Moira Milne disfrutaban de vistas al mar hasta que los hombres de Trump las taparon con una especie de dique de tierra y abetos gigantes. De Michael Forbes, otro de los rebeldes, el millonario dijo que era «un cerdo». Y llegó a cuestionar si su madre era realmente de Escocia. Lo cierto es que la señora Molly Forbes, a sus 92 años, no siempre disponía de agua limpia. La constructora contaminó la única fuente de agua potable a la que ella tenía acceso. Su hijo, Michael, fue elegido escocés del año. Ellos avisaban a los estadounidenses antes de las elecciones. Cuidado con Trump.

Intimidar desde la Casa Blanca es pasar a otro nivel. Champions. NBA. Grand Slam. Enhorabuena, campeón. Pero Donald deberá ir digiriendo que no es factible despedir a todos los fiscales, jueces, abogados, congresistas, senadores y periodistas del país. Vaya frustración. Tener la colección completa de juguetes del presidente y descubrir que no puedes darles cuerda a todos.

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