Fariseos


Habría encajado como telepredicador americano. De esos que piden a los fieles que abran sus corazones y sus carteras mientras pasan el cepillo para cheques. De los que ruegan a la audiencia que se desprenda de todo lo material y después se marchan en limusina rumbo a Houston. Elegidos para pastorear el rebaño.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez imponía sus manos a los españoles ofreciéndoles la sanación mediante el despido barato y luego les decía adiós con 95 días por año trabajado. Los invitaba a escuchar la llamada de la reforma laboral al tiempo que evitaba mojarse sobre Bankia. Invocaba recortes de todo camino y se preparaba para convertirse en el pensionista mejor pagado de España. Les repetía que la luz estaba en el interior del túnel. Aplicaba el microscopio sobre la piel ajena mientras hacía la vista gorda. Exigía renuncias sin renunciar a nada. Maforismos varios.

Hay que entenderlo. Cuando alguien consigue rebautizarse con sus siglas es como si adquiriese un rango de entidad, de organismo internacional. No es la OTAN o la UEFA, pero tampoco un nombre cualquiera. Sucedió con MAFO. Aunque puede que Fernández Ordóñez simplemente se dejara llevar por la soberbia que conlleva el cargo. Porque, en cuanto acceden al escalón más alto del Banco de España, los gobernadores se ven subidos a los altares y comienzan a largar encíclicas y sermones. Luis María Linde cree firmemente en la flexibilidad laboral. La elasticidad, pero en el sentido expansivo, la aplica a su propio sueldo con éxito evidente. Se lo subió él mismo casi un 6 % en el 2014. Y, mientras tanto, la sacristía sin barrer. ¡Ay de vosotros, fariseos! Ay de nosotros.

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