Un mal final para El Asturcón


La pomposa e histérica gestión del afortunadamente exalcalde Gabino de Lorenzo no ha legado a Oviedo sino residuos tóxicos como el monstruoso Calatrava, la no menos monstruosa deuda de Villa Magdalena y muchas otras agresiones al sentido común, a la estética y al bolsillo de los ovetenses. Entre todas ellas quizá la más desvergonzada fue la construcción del centro ecuestre El Asturcón que, como se ha visto con el paso de pocos años, nadie demandaba salvo él mismo en su afición privada como mediocre empresario de la cría de caballos. Sus pocos acólitos y la clientela habitual tenían que pasar por taquilla y comprar un ejemplar para contribuir a la ficción, pero muerto el perro se acabó la rabia y también los relinchos. Cuántas cosas mejores se podrían haber hecho con ese dineral; dicen los archivos que el equivalente a 30 millones de euros. Yo sospecho que en realidad costó mucho más, si hablamos en porcentajes.

Ahora el actual equipo de gobierno se topa con otro de los marrones colosales que heredó de Gabino. Creo que Wenceslao, al que tengo por un buen paisano mientras no se demuestre lo contrario, que uno no pone la mano en el fuego ni por el Papa, debe de pasar más momentos de arrepentimiento que el Fausto de Goethe por haber pisado de nuevo la casa consistorial. El centro ecuestre es una instalación costosísima de mantener, casi sin público que la use y con un difícil reciclaje como no sea a golpe de un talonario municipal al que sólo respalda dinero del Monopoly.

Si he de decir la verdad, no me parece muy justo que el Real Oviedo, que al fin y al cabo es una sociedad privada con un millonario en la trastienda, se haga con las instalaciones por la cara. Hay afición, de acuerdo, pero también hay vida más allá del fútbol, y ya tenemos un estadio también gabiniano, también carísimo, mal ubicado y mal construido. Supongo que la cesión es el mal menor. Al fin y al cabo, resulta más que probable que el ayuntamiento en su situación actual no pueda hacer nada con El Asturcón salvo cerrarlo y que se lo coma la maleza. Que no sería un mal destino para muchas otras de las bobadas de Gabino, si no estuvieran en el centro de la ciudad.

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