Licenciados con presunción de abogacía


Un tipo comete un delito. Confiesa y da detalles a la policía que solo él podía conocer; toda la confesión se graba en vídeo. Después pasa un tiempo en prisión a la espera de juicio y cuando se presenta ante el juez, sorpresa, lo niega todo, como Sabina en su último disco. No es que el tipo haya meditado durante todo este tiempo y haya decidido que la historia no ocurrió así, es que entre medias ha aparecido un personaje que de vez en cuando enturbia el Estado de derecho, el sentido común y todo lo demás: el abogado con afán de notoriedad. Este caso, más real que otros, puede ser cualquiera que ustedes recuerden: el caso de la niña Asunta Basterra, el caso Bankia o, más recientemente, el de la peregrina asesinada en el camino de Santiago.

Después de que el presunto detrito humano fuera detenido en Asturias y confesara haber matado a la mujer, la norteamericana Denise Pikka, ofreció detalles del crimen que solo él sabía. Además, previamente había dejado indicios y pistas por todas partes. Pero ahora el pájaro dice que no, que confesó bajo presión. Presión arterial es lo que le debe subir a todo el cuerpo policial al escuchar al sospechoso reírse en su jeta.

La cuestión fundamental es la forma en que algunos licenciados en derecho ejercen en España una presunta abogacía: no tratan de que se garanticen los derechos sagrados del detenido, de que se respete la dignidad y la vida que él no respetó, de que se les aplique la ley con justicia, eso sería lo correcto. Tratan de que se libre de cualquier forma y a costa de lo que sea: del dolor de los familiares, de la vergüenza de los jueces, de la verdad verdadera. El abogado picapleitos es un elemento que no debería formar parte del sistema judicial, porque únicamente lo carcome, lo destruye. Da ganas de vomitar el cinismo con que retuercen algunos casos en los que tanto los fiscales como los jueces y, lo que es peor, el propio acusado, están de acuerdo abrumadoramente sobre los hechos. Utilizan a su favor las garantías que no les pertenecen y en última instancia retrasan y retrasan el procedimiento para ver si por el camino alguien se cansa. Es obvio que duermen bien por la noche, si no, no serían lo que son. Sólo espero que algún día toque a su puerta alguno de sus defendidos con las peores intenciones, y que nadie pueda defenderlo a él.

Vive Camino

Toda la información sobre el Camino de Santiago en Vive Camino

Valora este artículo

4 votos
Comentarios

Licenciados con presunción de abogacía