Se impone la cordura


Tras años de discusión sobre las responsabilidades del desgraciado accidente del tren Alvia en Angrois, la justicia empieza a situar las piezas en el lugar que les corresponde. El anuncio de ayer de que el juez que instruye la causa de la tragedia ha decidido dirigir la investigación contra Andrés Cortabitarte, jefe de seguridad de Adif en el momento del accidente, como presunto responsable de los delitos de homicidio y lesiones por imprudencia grave, no hace otra cosa que imponer el sentido común en un suceso que desde el punto de vista de las responsabilidades políticas y judiciales ha resultado ser una antología del disparate.

Sostener, como hicieron hasta ahora las mentes más avanzadas, los sabios y los dirigentes del país, que el maquinista Garzón era el único responsable de la catástrofe resultaba de una simpleza irritante. Porque alguien ha de dar cuenta de las deficiencias, carencias e irregularidades que antes, durante y después se denunciaron sobre el tramo, el tren y los peligros de la circulación por este lugar.

Las familias de las víctimas, lo mismo que los gallegos que mayoritariamente nos identificamos con ellas, han hecho una travesía propia del desierto antártico, que pasa por ser el mayor del mundo. Sin que nadie les facilitase tan siquiera la posibilidad de escuchar sus lamentos y sus llantos, han llamado inútilmente a todas las puertas implorando investigaciones y la adopción de responsabilidades además de las de Garzón, a quien se quiso hacer único y exclusivo culpable. De nada sirvieron hasta ahora los razonamientos documentados y comedidos y la evidencia de que Garzón infringió las normas pero que el accidente pudo evitarse.

Habrá que aguardar a saber en qué queda la imputación de Andrés Cortabitarte; pero el solo hecho de hacerlo posible partícipe de los delitos de homicidio y lesiones ya nos lleva a pensar que se abre un nuevo camino porque, al fin, se impone la cordura. Aunque sin restarles un ápice de dolor será, sin duda, un aliento para esas familias. Y será también un motivo para que quienes quisieron mirar hacia otro lado y justificar lo injustificable, se sientan avergonzados. En público. Aunque sea años después.

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