Tarde de siesta


El hemiciclo medio vacío. Media entrada, que diría el cronista de un partido de fútbol añadiendo que el encuentro no despertó interés alguno por la baja calidad de los contendientes y por lo inútil del resultado. Pero no es el caso. El Congreso presentaba media entrada, pese a tratarse uno de los asuntos claves en los derechos de libertades y convivencia ciudadana. Pero a sus señorías parece interesarles a esa hora más la siesta que el debate para dar el primer paso para derogar la «ley mordaza».

Solo desde el berrinche visceral puede concebirse la aprobación de una ley que castiga fotografiar a policías, frenar desahucios, realizar sentadas y protestar desde lo alto de los edificios. Solo desde la rabieta que en el 2015 tenía el recordado y añorado ministro Fernández Díaz y sus señorías del PP. Porque ni España es un país de revoltosos, agresivos y pendencieros, ni la situación requería tal norma. Y aunque lo fuera, la ley fue cuestionada por el poder judicial y por la Defensora del Pueblo.

Por eso resultan llamativas las posturas expresadas en el pleno de ayer. Desde quienes defienden el inmovilismo, a los que proponen algunas modificaciones, o los que buscan regresar a la «ley de la patada en la puerta», del también añorado ministro Corcuera. Ni una solución de futuro, ni una mirada hacia el mañana, para acabar con una norma regresiva en libertades.

El debate de ayer parece más bien para demostrarle al Gobierno que ya no puede hacer lo que le venga en gana que para tirar a la papelera un desatino. Y es que sus señorías están a lo que están. Ayer tocaba tarde de siesta.

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