Fernando, entre la ironía y la teoría de la relatividad


Ha sido la mejor carrera de mi vida». Lo ha dicho Fernando Alonso en relación al décimo puesto que ocupaba ayer en Melbourne hasta que una avería le obligó a abandonar. Un bicampeón del mundo, considerado en la actualidad como uno de los mejores pilotos del paddock pese a sus horas bajas, ha dicho «ha sido la mejor carrera de mi vida» en un gran premio en el que los ingenieros de Honda y McLaren se tapaban la cara avergonzados.

Dijo que nada mejor se podía hacer con el coche que le han proporcionado. Y para ello optó por ser al menos el campeón de las declaraciones postcarrera. «Ha sido la mejor carrera de mi vida». Eso significa que detrás de Melbourne 2017 está Hungría 2003, la carrera en la que inauguró su casillero de triunfos doblando al mismísimo Michael Schumacher, campeón indiscutible de aquella temporada. Significa también que el fiasco de ayer está por encima de Ímola 2005, cuando aguantó el ímpetu del Kaiser en territorio Ferrari las doce últimas vueltas cuando su coche era evidentemente más lento. Se supone que tampoco es la carrera de su vida el triunfo en Japón en el 2008, entonces con un Renault menor pero del que exprimió el milagro de ponerlo en lo más alto del podio. O Nürburgring 2007, con aquel aguacero en el que pilotó como si bailara sobre el agua. O Valencia 2012, donde desató el delirio final tras comenzar el Gran Premio desde el undécimo puesto de la parrilla.

Desde ayer Alonso considera públicamente que la mejor carrera de su vida es una en la que no pasó del décimo puesto y acabó abandonando. Quizá suene a ironía. Pero realmente está aplicando en sus palabras la teoría de la relatividad. Con su cacharro de ayer ha hecho lo imposible. Porque él, infiere en su frase, sigue siendo el mismo que aguantaba a Schumacher en Ímola, el que le doblaba en Hungría, el que ganaba en Japón con un pseudoRenault, o el que bailaba en la lluvia de Nürburgring. La de ayer fue la mejor carrera de su vida, de una vida muy diferente a los tiempos de gloria.

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