Entre Mablethorpe e Irán


Lluvia. Una parada de autobús abandonada. Y una familiar refugiándose del chaparrón y comiendo patatas fritas. Solo patatas. No hay dinero para el pescado del fish and chips. La escena es real. Y del pasado. Transcurre en la pequeña ciudad inglesa de Mablethorpe. Año 1967. Pero el que la describe, Kevin Rushby, de The Guardian, cree que flota en el ambiente británico el temor de que el brexit ayude a resucitar este tipo de estampas. Hay datos que indican que cuatro de cada diez británicos han cambiado sus planes de veraneo debido a la caída de la libra esterlina. Por eso, hace solo uno días, el diario londinense publicó el reportaje Cómo planear unas vacaciones postbrexit, un especie de manual del turista descolocado con sus pizcas de humor. Según estas recomendaciones, Nepal encabeza el apartado de países que deberían formar parte del itinerario de cualquier británico que busque nuevos destinos. Albania se cuela en el podio. Y en esos corazoncitos viajeros incluso hay un sitio especial para el antiguo eje del mal: Irán. La acampada en Escocia pasa a ser un must. Y la preparación de rutas para evitar los peajes de las autopistas de Francia e Italia se convierte en una obligación. Las sugerencias habrán sorprendido a más de un lector. Son estos sobresaltos que traen últimamente algunas citas electorales. Señoras estadounidenses que votan a Donald Trump y que acaban protestando porque van a deportar a su marido mexicano. O ancianos con diabetes, orgullosos trumpistas también, que descubren en pleno debate sobre la reforma sanitaria que sin el Obamacare probablemente estarían muertos. Es fácil vender aquello del borrón y cuenta nueva. Súbanse a nuestro coche nuevo. Sueñen. Déjense llevar. Cierren los ojos, que todo irá bien. Pero la ceguera no evita el choque. Y, de repente, algunos se despiertan con dolor de cabeza y atenazados por dilemas inesperados. Su mapa ya no es el mismo. Mablethorpe o Irán.

Valora este artículo

1 votos

Entre Mablethorpe e Irán