El misterio de Mariano y Albert


Había un último misterio en la política española: por qué el Gobierno y el Partido Popular le dejaban a Albert Rivera la exclusiva de asumir el éxito del incremento del gasto social en los Presupuestos. Era un regalo impropio para un partido que había tenido la iniciativa de investigar las cuentas del PP y que hacía lo imposible por derribar a un presidente de comunidad autónoma, militante también del PP. Ninguna otra fuerza política, ni siquiera Podemos, estaba volcando tanta sal en las heridas del partido del Gobierno y, sin embargo, le regala el éxito de los Presupuestos. ¿Ustedes lo entienden?

Dado que Rajoy no preside ninguna oenegé ni, como buen político, se distingue por ser generoso con sus competidores, hay que intentar encontrar alguna explicación y creo haber encontrado dos. La primera es que el desafío, más allá de lejanos intereses electorales, es sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Rajoy no quería esa derrota ni ante los inversores, ni ante la sociedad, ni ante la Europa que lo acaba de incluir en su núcleo duro de decisiones y le respeta por su gestión de la economía. No sacar adelante las cuentas públicas sería un fracaso en medio de tanta gloria. Para ello necesitaba tener contento a Albert Rivera. Y lo consiguió, no hay más que ver al buen Albert cómo saca pecho de su aportación. Como alguien dijo, ayer pudo haber presentado los Presupuestos al alimón con Guindos y Montoro.

La segunda explicación es más perversa: Rajoy sabía que no hay nuevos recortes, pero tampoco se repone lo que antes se había recortado, como anotó casi toda la oposición. Y sabía, además, que los 4.000 millones de gasto social son mucho como cantidad global, pero poco para tantas partidas en las que hay que repartirlos: hay que atender la dependencia, la pobreza infantil, el complemento salarial para jóvenes, las becas, las políticas activas de empleo o esa lacra terrible llamada violencia de género. Y claro, toca a poco. Toca a tan poco, que casi todo se queda por debajo de las cantidades que el Gobierno Zapatero dedicaba a esos fines. Pretender el apoyo de la izquierda era utópico, por no decir absurdo.

Pero ahí estaba Ciudadanos, con su buena voluntad y su necesidad de demostrar que es un partido útil a la sociedad más necesitada. Y por eso Rajoy le dejó que se luciera con el avance social de las cuentas públicas. Naturalmente, al PSOE le faltaron minutos para denunciar y subrayar la complicidad de Ciudadanos. Y quizá tenga razón: Rajoy no consiguió solo el apoyo de este partido a las cuentas; consiguió un cómplice para que los palos se repartan entre los dos. No sé si fue planificado así, pero lo sospecho. La política es el arte de la astucia. Y cuanto más osada, mejor.

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