El PP, embarullado en la corrupción


¡Qué mal gestiona el Partido Popular sus episodios de corrupción! A base de querer disimularlos o camuflarlos amparándose en el derecho a la presunción de inocencia, solo ha conseguido que se eternicen en el tiempo, que salpiquen a más personas que sus propios autores o que terminen ensuciando el nombre del partido. La forma de afrontar, por ejemplo, el caso Bárcenas, con la vergüenza de los ordenadores borrados, los SMS de Rajoy, la indemnización diferida, el plasma y otras torpezas propias de aprendices, hizo que aquella corrupción pareciese sistémica del partido. Sumada al caso Púnica («un grupito de aprovechados que no tiene nada que ver con el PP»), los escándalos de Valencia, la financiación empresarial con facturas falsas en Madrid y otras hazañas de menor cuantía, el PP ha terminado como un partido corrupto y poblado de corruptos, cuyas finanzas han de ser investigadas por el Parlamento. Triste destino para la fuerza política que gobierna España.

La gestión del caso Murcia, mal cerrado ayer con la dimisión del presidente del gobierno regional, Pedro Antonio Sánchez, tampoco pasará a la historia como ejemplo de inteligencia política. Al revés: el señor Sánchez queda como un gobernante que tuvo que renunciar obligado por la presión social y por las investigaciones judiciales. Y el Partido Popular queda como una organización aferrada al poder, que solo empuja a uno de sus dirigentes a dimitir cuando ve que puede perder un gobierno regional en la moción de censura que estaba prevista para hoy. Solo le ha movido ese impulso de poder. No hay noticia de que haya promovido previamente una investigación interna ni que haya querido cumplir el pacto ético suscrito con Ciudadanos en aquella comunidad autónoma.

¡Qué distinto hubiera sido todo si desde el principio se hubiera actuado de acuerdo con ese pacto y no se hubiera tratado de engañar y hasta de ridiculizar al partido de Albert Rivera con la colaboración de varios medios informativos! Si al menor indicio hubiese actuado con contundencia, habría quedado como un partido que no admite la menor sombra de duda sobre la honradez de sus dirigentes. Habría sido un ejemplo de intransigencia ante quien se le atribuyen siete presuntos delitos. Y, si Sánchez fuese declarado inocente al final, estaría en mejores condiciones de rehabilitarlo ante la opinión pública murciana y nacional. Ahora, aunque se llegue a proclamar su inocencia, todo será más difícil. Incluso como presidente regional del partido, recientemente reelegido, queda tocado en su credibilidad. Y todo, por una razón: por miedo a añadir un nuevo nombre a la ya larga lista de investigados. Presunción de inocencia: ¡cuántos errores se cometen en tu nombre!

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