Absoluta normalidad


Puede que el anuncio de que Mariano Rajoy declarará como testigo en el juicio por el caso Gürtel no sea bueno para el propio Rajoy, para el PP ni para los socialistas abstencionistas que lo auparon. Pero es extraordinariamente beneficioso para la sociedad, para la salud democrática, para el sistema y para la credibilidad judicial. 

Si se cumpliese la pretensión de la Fiscalía, que vive colgada de la dependencia jerárquica, de que el presidente quedase al margen, pondríamos en duda la imparcialidad de nuestra judicatura, en la que los españoles ya tenemos bastante poca fe. Y por lo tanto, hay que celebrar que uno de los máximos responsables del partido diga cuanto sepa de la financiación, de los sobresueldos, de la caja b y de los tejemanejes que se llevaron a cabo en Génova 13.

Porque no parece muy razonable que presten declaración por el caso cerca de 300 testigos y los exdirigentes populares Acebes, Álvarez Cascos, Rato, Arenas, Aguirre y Mayor Oreja y no lo haga quien ocupó altas responsabilidades en el partido y figura en los papeles de Bárcenas como beneficiario de los aguinaldos que se repartían periódicamente.

Cierto es que Rajoy será el primer presidente del Gobierno en ejercicio que declara como testigo en un proceso. Y eso siempre levanta ampollas. Pero es saludable porque de lo que se trata es de juzgar la gran trama del PP; que no «una trama contra el PP», como él mismo la calificó. Ha llegado el momento de que Rajoy afronte la realidad y contribuya a desenmascarar la piratería. Por dignidad de su cargo y por respeto a los ciudadanos.

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