Autobuses


Canta Joaquín Sabina que en Madrid la muerte viaja en ambulancias blancas. Y en España las lecciones se mueven en autobús de colores. Las enseñanzas políticas y las morales circulan por la carretera con luces intermitentes. Se ofrecen gratis en un adelantamiento, en un ceda, en un semáforo en rojo, en un párking, en uno de esos peajes de autopista rescatada y viajero rehén. Un lujo. Arriba el motor, abajo la confusión. Que los peatones no se enteran, con ese paso apurado y esa mirada prendida del WhatsApp. Que los ciclistas solo piensan en esos peatones traicioneros que invaden el carril bici. Que los conductores solo se fijan en los ciclistas, los peatones y el propio WhatsApp. Que todos se distraen y no reparan en lo verdaderamente importante de la vida. Por eso son necesarios estos autocares ilustrados. Son las nuevas catedrales andantes. El siguiente paso será organizar grandes quedadas para que miles de fans jaleen a los pasajeros desde los arcenes y las aceras como si estos acabaran de ganar la final de la Champions League. Como el Real Madrid. Y más adelante habrá que planificar viajes como los que contaba Gila. Una ruta exprés por Europa. París, Bruselas, Roma... Para difundir los mensajes entre los escépticos e impíos del viejo continente. Seguro que todos acaban copiando la idea. Dentro y fuera. Eso sí, el PSOE tendrá que sacar a la calle tres modelos diferentes, por si las moscas de base. El autobús del PP deberá hacer una paradinha en los juzgados. El de Ciudadanos se liará de vez en cuando con los cambios de sentido. Contribuirán todos ellos a este bonito atasco que es la política española. Bendita peatonalización.

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