Gatos afilando las uñas en el alma de la izquierda


Francia votó. Y sabemos quién ganó, Macron y Le Pen, dos candidatos que no pertenecen a los partidos tradicionales. Dos valores emergentes a los que podemos aplicar las etiquetas de nueva política, pero que reproducen roles tan viejos como la humanidad, el del misterioso joven seductor atrápalotodo, que dice a los votantes lo que quieren escuchar y no se compromete; y el del halcón que canaliza la indignación y el odio con populismo.

A los franceses les sigue interesando la política. Lo demuestra el elevado porcentaje de participación, en torno al 80 %. Ese dato es demoledor para los socialistas, los grandes perdedores de la cita con las urnas de ayer. Apenas lograron el 6 % de los votos. Y si se echa un vistazo al mapa electoral, han desaparecido como fuerza política relevante en todo el territorio galo.

Su crisis es tremenda. Y recuerda a la hecatombe que en 1982 sufrió la UCD en España. La coalición centrista pasó del Gobierno al 6 % de los votos. El PSF pasa del Elíseo a la marginalidad. ¿Y eso cómo se explica? Tal vez cruzando el charco y comparando la elección de Hollande, que prometió ser un presidente diferente y alternativo, con la de Obama. Y trazando una analogía entre lo que ha pasado en los últimos cinco años en el país galo con lo que ocurrió con la designación de Hillary Clinton como candidata presidencial.

Hay un común denominador, la desmovilización de los jóvenes y de muchos desencantados, y muchas incógnitas en torno a la socialdemocracia. ¿Por qué sufre más que sus rivales de derechas? ¿Por sus contradicciones internas? ¿Por plantear una ecuación difícil de sostener en estos tiempos de recortes, austeridad a ultranza y globalización? ¿Por no tener un relato claro? ¿O por, citando al maestro Benedetti, confundir táctica y estrategia?

Nadie tiene por ahora la respuesta, pero el hecho indiscutible es que los socialistas están en franco retroceso. Y que esa tendencia contribuye a generar la sensación de que los electorados se están derechizando. En Francia la suma de los votantes de Mélenchon y Hamon no llegan apenas superan el 25 %. Para valorar correctamente la cifra hay que tener en cuenta lo que dicen las encuestas (que en estas elecciones acertaron), hay un gran trasvase socialista hacia Macron. ¿Buscaban ilusión? ¿Apostaron por él para parar a Marine Le Pen? Dando por descontado el triunfo del centrista en la segunda vuelta, habrá que ver qué pasa en las futuras elecciones legislativas galas de junio. ¿Seguirá el ascenso de la ultraderecha? ¿Caerá aún más el PSF? ¿Resucitará? ¿Se creará un nuevo espacio político ganador alrededor del probable presidente? ¿Y qué pasará con los izquierdistas? De momento no tienen nada claro su participación en el frente anti Le Pen. Su retórica les impide apoyar claramente a Macron, a quien retratan como banquero. Haya o no haya un respaldo explícito, ¿qué harán sus votantes eurófobos? ¿Ir con el Frente Nacional? Ese día será como si una legión de gatos afilara las uñas arañando el alma de la izquierda. Muy doloroso.

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