Un «Velvet» para Netflix


Cuando las Galerías Velvet cerraron en Antena 3, una larga cola de clientes se quedó a las puertas con ganas de más. Su historia y su estética se convirtieron en una marca tan potente que dieron lugar al primer caso de una serie en abierto que da el salto a los canales de pago. Movistar produce ya la secuela Velvet colección.

También Netflix la escogió como modelo cuando le encargó a su productora, la compañía gallega Bambú, la primera ficción española para la plataforma norteamericana. Las chicas del cable, cuyos ocho primeros capítulos se estrenaron el viernes en 190 países, es un traje a medida para los seguidores de Velvet y Gran Hotel. En ella, la boutique de moda se transforma en la primera compañía de telefonía española del año 1928, y sus costureras, en las primeras operadoras del país. Teléfonos a manivela en los tiempos del wifi. El misterio, la música extemporánea al estilo Moulin Rouge y el glamur de la ambientación y el vestuario desbordan cualquier intento de rigor histórico en este melodrama sentimental, un producto que bien podría haber liderado un prime time generalista. Una operación perfecta del canal en streaming para que muchos seguidores de este género, y son millones, se abonen al menos durante el mes de prueba.

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Un «Velvet» para Netflix