Iglesias, en el vendaval de las palabras


El señor Iglesias, don Pablo, tiene un mérito indudable: su habilidad para ser noticia todos los días. Y algo más meritorio: ser el único político español que da noticia a los medios sin necesidad de aportar nada esencial a la gobernación del Estado, ni a la solución de los problemas ciudadanos. Hace actos, suelta discursos, lleva a Errejón con todo su morbo, magnifica escándalos, contraprograma al PSOE, le escribe al presidente de la gestora, Javier Fernández le responde… En ese sentido es magistral y es justo reconocérselo. Pero tiene un problema: se ha metido en un vendaval de palabras hirientes, de acusaciones gravísimas y requiere aumentarlas y agravarlas cada día para mantener la atención mediática.

Le ocurre con su moción de censura. Empezó siendo una invitación genérica para derribar al Gobierno. No consiguió la adhesión del PSOE ni de Ciudadanos por razones obvias, y la tuvo que justificar como un deber ético. Siguió sin lograr adhesiones y dio un paso más: decir que hay que apartar de las instituciones al «partido más corrupto de Europa». Añadió que hay jueces que hablan de la posibilidad legal de ilegalizar al PP. Y terminó dividiendo en dos la España oficial: la corrupta, que es la inmensa mayoría y lo contamina todo, y la limpia, que es la policía y los jueces que persiguen la corrupción.

Y el martes, en el acto del abrazo con Errejón, dio un peligroso paso cualitativo al decir dos cosas. Una, que la «mayoría social» quiere que Rajoy sea expulsado del poder. ¿Y quién es la mayoría social? ¿La que decía Fraga al invocar la «mayoría natural»? ¿La que habla en las encuestas y sigue dando como ganador al PP, aunque no le conceda la mayoría absoluta? Y lo más grave: ¿de qué sirven las elecciones, si al año de celebrarse un grupo con amplia representación parlamentaria les niega su validez y pone en cuestión la vigencia de su resultado? ¿Quién es nadie para decir que la mayoría social está en contra de un Gobierno?

La segunda afirmación del señor Iglesias ha sido también inquietante: vino a decir que la moción de censura se va a ganar, pase lo que pase en el Parlamento. ¿Cómo interpretar ese anuncio, si ese mecanismo constitucional triunfa o fracasa en el Congreso y no existe una segunda oportunidad? Solo veo una lectura, que el propio Pablo insinúa: la censura se ganará en la calle. Espero que haya sido una metáfora. Ganar en la calle un mecanismo constitucional parlamentario suena a enfrentar la sociedad y el Congreso de los Diputados. Y suena a movilización popular contra la sede de la soberanía nacional. Que me disculpe, ya sé que soy un antiguo, pero creo que se puede hacer una política igual de contundente, pero sin que parezca una barbaridad.

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