Los vascos se van de copas


Nos ha reprochado el ministro Montoro, a propósito del debate de los Presupuestos del Estado, que nada más salir de la crisis que venía de la borrachera del gasto público ya nos queremos ir de copas para celebrarlo. Razón no le falta al ministro de los dineros. Estuvimos gastando por encima de nuestras posibilidades; no hay más que volver la vista a Madrid, Valencia o Cataluña, y ahora queremos celebrar que España ya va bien y que solo el 23 % de la población vive en riesgo de pobreza. Que podría ser mucho más, pero únicamente es casi la cuarta parte. 

Pero hay excepciones. Los vascos, por ejemplo, sí se van a poder ir de copas. Incluso podrán irse además de txikitos, de pintxos, a potear con la cuadrilla y al txoko a tomarse un changurro. Porque con el donativo de 4.500 millones que les acaba de hacer el Gobierno ya pueden darse una juerga en toda regla.

Poco importa que se agrave la desigualdad fiscal entre las comunidades. Ni que Euskadi tenga en torno al 45? % más de recursos per cápita. Ni que no sea el territorio más necesitado. Ni tampoco que se le dé otro hachazo a la credibilidad de la financiación autonómica. Eso importa poco. Las concesiones de Mariano Rajoy y su Gobierno a los vascos para que el PNV apoye los Presupuestos Generales del Estado no reparan en lo más racional del gasto ni en la ecuanimidad e igualdad que debe presidir la actuación de cualquier Gobierno que se precie de democrático. Las treinta y seis mejoras que se llevan nos hacen pensar que aquí el criterio que se sigue en las inversiones públicas, además del puesto de manifiesto últimamente por mandatarios como Ignacio González o Francisco Granados, es el de ayudar al que me ayuda.

El PP precisaba los votos del PNV para no quedarse en la estacada. Y los vascos han puesto un elevadísimo precio, que los populares pagaron encantados; de la cartera de todos, eso sí. A ver cuándo nos vuelven a explicar aquello de que lo único que los mueve es el interés general de España.

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