Así no se adelantan elecciones


¿Para qué sirve una encuesta de intención de voto a tres años teóricos de las elecciones? Realmente, para poco; pero el barómetro del CIS es un buen entretenimiento para los ociosos de la política que tanto abundan. Ayer, por ejemplo, resultó divertido comprobar cómo Gabriel Rufián, el terror de lo políticamente correcto, empata en valoración popular con el mismísimo Mariano Rajoy: nunca el presidente cayó tan bajo ni Rufián alcanzó tanta altura de estadista. Entretiene mucho ver la cura de humildad que contiene: los políticos que se consideran superiores, casi divinos, como Pablo Iglesias, no suscitan esa percepción de superioridad en los votantes; en cambio, uno que va de modesto, como Javier Fernández, es encumbrado por la ciudadanía al puesto de político preferido. Y hay otra cura de humildad para analistas políticos como uno de Lugo que conozco: mientras él pregona que el PSOE es la ruina y que casi está en liquidación, los sondeados por el CIS ponen a ese partido en el número dos de la carrera, para desolación de Podemos. 

Las encuestas del CIS, consideradas por los expertos como la madre de todas las encuestas, sirven, de todas formas, para tener una idea aproximada de «cómo va la cosa». Y la cosa va de las siguientes dos formas: primera, retrasa o incluso anula la posibilidad de adelantar las elecciones generales, esa amenaza que está sobre nuestras cabezas. ¿Para qué las va a convocar el señor Rajoy, si la suprema autoridad del Centro de Investigaciones Sociológicas le dice que no sacará mayoría absoluta? Para tener otra vez los mismos diputados que antes, mejor estarse quieto, ir tirando con lo que hay, esperar que se pase el cabreo por las corrupciones y aguardar a que las izquierdas se despedacen entre sí, que en ello andan con notable eficacia.

Y segunda, la batalla entre los nuevos. Podemos pierde seguimiento, quizá también encanto, y eso quizá le sirva para saber que no basta con poner a parir a todo el mundo, como alguien les dijo, sino que deben hacer alguna propuesta. No es mala lección cuando se disponen a presentar una moción de censura, gran oportunidad para exponer qué piensan hacer con este país. Y Ciudadanos vive días felices. Albert Rivera mira a Francia y se ve reflejado en Macron. Si Macron ganó sin partido, ¿por qué no va a ganar aquí Ciudadanos? Y en esas condiciones de ilusión, el CIS le hace el gran regalo: 2,5 puntos más de intención de voto. Rivera se lo habrá dedicado a quienes le reprochan que está quemado. Pues bien: se vuelve a confirmar que una cosa es la opinión política y otra la opinión pública. Y entre todos los quemados, como el PSOE, Rivera es el que recupera algo de vida. Este ha sido el CIS de los quemados.

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