Una mancha en el vestido inmaculado


Aquí no se libra nadie de la UCO, la UDEF y los jueces que les mandan investigar. Cuando digo aquí, quiero decir la Comunidad de Madrid, donde no hay día sin sobresalto ni nombre que añadir a la lista de quienes cometieron alguna irregularidad. Y cuando digo nadie, me refiero a quienes tuvieron o tienen algún poder en esa comunidad bajo gobierno del Partido Popular. A veces da la impresión de que la lista de investigados, señalados o llamados a declarar está más poblada que la lista de los limpios de toda sospecha. Es la historia de nunca acabar. O la Guardia Civil y los jueces se exceden en sus investigaciones, supuesto inverosímil, o la corrupción, grande o pequeña, penetró en los tuétanos de las instituciones y sus dirigentes.

¿Quién nos iba a decir, por lo menos a este cronista, que la Guardia Civil iba a implicar a Cristina Cifuentes en la financiación irregular de campañas electorales del Partido Popular de Madrid? ¡Pero si Cifuentes es la bandera de la lucha contra la corrupción! Cifuentes es el látigo de los corruptos. La adoran en el partido porque habla con claridad contra los que administraron mal los fondos públicos. Todos quieren pronunciarse como ella para hacer creíble su mensaje ético. No hay portavoz del Gobierno o del PP que no invoque su nombre para lavar con él los latrocinios de la operación Lezo porque ella fue quien llevó los documentos al fiscal y eso es un gesto de gallardía, casi de heroísmo en un partido político. Cristina Cifuentes es la gobernante regional que se pasea por la política con un vestido inmaculado y los ciudadanos la premian en las encuestas, aunque castiguen al PP.

Y ayer cayó una mancha sobre ese inmaculado vestido. En principio, las imputaciones de supuestos delitos suenan fatal: prevaricación continuada y cohecho. ¿Y todo por qué? Por la contratación del servicio de hostelería con el empresario Arturo Fernández para la Asamblea de Madrid, donde la señora Cifuentes presidía la Comisión de Contratación y estaba, imprudente, en el comité de expertos que informaba las candidaturas. Y, sobre todo, porque Arturo Fernández donó algo así como 170.000 euros a la Fundación Fundescam para financiar al PP. ¿Hay relación entre la adjudicación del servicio y la generosa donación? Los investigadores tienen documentación suficiente para sostener que sí. Añado que Arturo Fernández ganaba casi todos los concursos a los que se presentaba en instituciones públicas y grandes empresas. ¿Siempre era a cambio de una mordida o los 170.000 euros eran una correspondencia genérica a todas las puertas que se le abrían? Dejo ahí la duda. Pero la mancha en el vestido de Cifuentes ya cayó. Me cuesta creerlo, pero lo dice la Guardia Civil.

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