La vacuna Trump


Al menos Nixon intentó encubrirlo todo. La frase es del cómico americano Stephen Colbert. Y va dedicada a Donald Trump. El presidente estadounidense no tuvo mejor idea que revelarle personalmente a los rusos información clasificada sobre el Dáesh que comprometía a un tercer país. Lo publicó el Washington Post. Los trumpistas se empeñaron en negarlo. La prensa, esa enemiga del pueblo, atacando de nuevo al gran líder (estas cosas en Corea del Norte no pasan). Pero al magnate millonario nadie le dice lo que tiene que hacer. Ni jueces. Ni diputados. Ni medios. «Como presidente, quería compartirlo con Rusia y tengo el derecho absoluto de hacerlo». Punto. Queda inaugurada la era del bajo secreto de estado. Un pataleo más. David Brooks, de The New York Times, escribe un artículo titulado: «Cuando el mundo está gobernado por un niño». Poco más que añadir.

Quizás haya que destilar lo positivo del show de Trump. Puede que el millonario sea una especie de gran vacuna mundial contra otros males. El pinchazo del brexit británico no fue suficiente. Pero las elecciones de EE.UU. llevaron aún más allá la frase «es imposible que esto pase». En Francia, alguno que dudaba en la segunda vuelta entre la abstención y el voto a Emmanuel Macron acababa diciendo: «Marine Le Pen va a perder aunque yo no vote. Francia es un país civilizado, aquí no podemos estar en manos de un partido racista, fascista... ¡Pero mira lo que pasó con Trump!». Al mismo tiempo que se produce lo que los franceses llaman una desdiabolización del Frente Nacional, ciertos votantes se niegan a seguir banalizando el voto. Y deciden sentarse a la mesa aunque no les guste el menú. No hay que tomarlos como rehenes. Los virus mutan.

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