Pues el no es sí


Si todas las encuestas realizadas en los últimos meses dejaban claro que los votantes socialistas preferían a Pedro Sánchez, con diferencias a su favor en algunos casos del 60 %, ¿por qué los militantes iban a situar a Susana Díaz en la secretaría general? ¿Porque lo dijeran González, Zapatero, Rubalcaba o Guerra? ¿Porque lo dijo Abel Caballero, que se jacta de ser el primero en «embarcar» a la andaluza? ¿O porque a alguien se le ocurrió decir un buen día que Sánchez estaba acabado? Pues resultó que el «no es no», se convirtió en el «no es sí».

Ni el propio Sánchez aguardaba un resultado tan contundente. Si la recogida de avales fue ya una sorpresa, la contundente victoria en todas las comunidades, excepto en Andalucía y el País Vasco, fue para gran parte del PSOE tradicional una hecatombe difícil de asimilar. Porque no es que Sánchez barriera a Díaz, es que con ella ha barrido a la gestora, al aparato de Ferraz, a los barones, a los pesos pesados, a la vieja guardia, a los notables, a los gloriosos y a los medios afines. La de Sánchez ha sido la victoria de un desacreditado David contra un arropado y prestigiado Goliat.

Lo acontecido ayer indica el tremendo error que fue sacar a la fuerza a quien hoy regresa como un héroe. Eso y la abstención a Rajoy es lo que han motivado la victoria de Sánchez.

Hoy nos contarán que el PSOE está más unido que nunca. Pero lo que va a gestionar Pedro Sánchez a partir de ahora son los restos de los destrozos que unos y otros causaron en este tiempo. Lo de ayer solo fue el inicio de una guerra que se antoja despiadada.

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