La historia empieza ahora


Como dijo Iglesias Corral en inolvidable ocasión, en el PSOE también «pasou o que pasou»: que la militancia cogió miedo a la derechización del partido; que sus siglas se convirtieran en aval de la permanencia de Rajoy en el poder; que vieron verde a Susana; que se olvidaron de las derrotas de Pedro; que creyeron que la renovación podía hacerla quien ya había sido secretario general; no sé cuántas cosas más, y montaron la revolución. Adiós a Susana y a quienes le apoyaron, censura al comité federal que derrotó a Pedro, giro a la izquierda y un punto más de intriga sobre el futuro político. 

Así se puede resumir «o que pasou». Hay, además, algún otro daño: inestabilidad en el socialismo si Sánchez viene con ánimos de vengarse de los barones que hicieron campaña contra él; la despedida del señor Rajoy a cualquier colaboración del PSOE; el riesgo de que se inicie una operación de demolición de las reformas y leyes más queridas por el Gobierno; la incógnita de cómo el renacido Sánchez querrá luchar por el derribo del PP, que es la aspiración que más veces manifestó; el impacto sobre Podemos, que queda un poco con el culo al aire en la moción de censura registrada el viernes, demuestra que se precipitó y ahora ofrece retirarla si Sánchez presenta la suya…

Nunca la elección de un secretario general había provocado tal cantidad de efectos directos o secundarios, y no hizo más que empezar. La historia auténtica empieza ahora. Los cuchillos se esconden por aquello de guardar las formas y hacer como que el partido no está tan roto como se decía. Ya veremos. Todo depende de la colaboración efectiva de los derrotados y de cómo administra su generosidad el ganador, y sobre eso no hay nada escrito. Hubo demasiada agresividad en campaña para que puedan decir aquello de «pelillos a la mar». Y es demasiado tentador el campo magnético de Podemos para que su atracción no acabe radicalizando a los pedristas y apartando del proyecto a los susanistas.

El más beneficiado, sorprendentemente, Rajoy. Ayer demostró su habilidad para conseguir que los factores adversos -Sánchez y ley de desconexión de Cataluña- lo conviertan a él en protagonista. Con ambos argumentos, sobre todo el de Cataluña, construyó discurso. A mediodía de ayer los personajes de la noticia ya no eran Sánchez ni Puigdemont. La noticia era Rajoy, que no piensa adelantar elecciones y considera intolerable el chantaje independentista «al Estado, a la democracia y a los españoles». Y muchos ciudadanos se lo habrán comprado: el defensor del Estado, de la democracia, del progreso y del sentido común pasaba a ser él. El resto, una cuadrilla de aventureros. Esta última palabra no la dijo Rajoy, pero seguro que la pensó.

Valora este artículo

1 votos

La historia empieza ahora