El recital de la muerte


Si ya nos resulta difícil de digerir cualquier acción terrorista que se salde con el destrozo de vidas humanas, la del Manchester Arena nos va a resultar imposible de asumir y va a quedar en la memoria como una de las barbaries más incomprensibles de nuestra historia reciente. Si ya no hay motivo alguno que pueda justificar la muerte de inocentes adultos, mucho menos la de niños, adolescentes y jóvenes que disfrutaban de un concierto musical que acabó convirtiéndose en el recital de la muerte. 

El yihadismo pretende ponernos de rodillas. Aterrorizarnos. Y en esa alocada labor avanza dejándonos en cada una de sus sangrientas acciones nuevos mensajes. Del baño de sangre de Mánchester se deducen dos nuevos avisos. El primero es que todo vale; también los niños y los adolescentes. Toda vida humana es susceptible de ser utilizada para su fin.

Pero además la fecha en que se comete la locura terrorista no es una casualidad. A dos semanas de una consulta electoral, lo que buscan los asesinos es influir en el resultado y ya sabemos que no resulta especialmente complicado cambiar la intención de voto de muchos ciudadanos ante sucesos como el de Mánchester.

¿Y qué hacen nuestros mandarines por terminar con el terror? Pues decirnos que hay que ser fuertes y no rendirse, al tiempo que se van a Riad, como acaba de hacer Trump, a cerrar la mayor operación de venta de armas a uno de los países que, según todos los servicios secretos, apoyan y financian a los que convirtieron el concierto musical de Ariana Grande en el recital de la muerte.

Valora este artículo

0 votos

El recital de la muerte