El inquietante «error Rato»


Ignoro cuántas causas le quedan pendientes a Rodrigo Rato, pero ayer el juez instructor Serrano-Arnal le quitó de encima -quiero decir que archivó- una de las más feas, por no decir bochornosas: la que le acusaba de un aprovechamiento indecente de la privatización de empresas públicas. Según la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil), el señor Rato había designado a personas de su confianza para puestos directivos en esas empresas, a cambio de contratos de elevado importe con su sociedad Cor Comunicación. Según el instructor, esa imputación es un conjunto de «sospechas sin fundamento» o «mera hipótesis sin sustento fáctico». Los supuestos delitos pueden haber prescrito, que sería razón suficiente para no abrir juicio oral, pero hay algo más: esos nombramientos no eran estrictamente del señor Rato, sino en bastantes casos del Consejo de Ministros o del propio jefe del Gobierno. Y añade el juez que los contratos pueden ser abusivos, incluso inmorales, contrarios a las normas de incompatibilidades, pero no delito. 

No soy quien para juzgar si Rato delinquió. Si el juez dijo que no, con su verdad me quedo, como es natural. Sí coincido con él en la anotación ética o al menos estética: no está bien que un vicepresidente del Gobierno y máxima autoridad económica haya tenido sociedades propias que pugnaron por contratos de otras empresas. Siempre quedará la duda del posible tráfico de influencias, del probable trato de favor o de un comprensible miedo a la represalia de un hombre tan poderoso.

En todo caso, la decisión judicial es trascendente. Es el segundo choque que se produce entre el estamento judicial y el policial. El primero se produjo cuando la UCO calificó los delitos atribuidos a determinados corruptos. Jueces y fiscales le reprocharon un exceso de atribuciones, porque la calificación de delitos corresponde a los jueces. El segundo es este, mucho más grave: si no entiendo mal el auto, hizo acusaciones a Rodrigo Rato prácticamente imaginadas, sin base documental ni pruebas. Partió de hechos ciertos, pero sin poder probar ni el cohecho, ni el blanqueo, ni la malversación. Inquietante. Digo inquietante, por dos razones. La primera, porque a Rato se le fustigó y demonizó tanto, que ha sido condenado por la opinión pública, y ahora habrá gente que piense que el juez no persigue la corrupción. Y la segunda, porque asusta que una entidad tan respetada como la UCO pueda ser acusada de frívola. No lo merece, porque nadie luchó más que ella y la UDEF contra la corrupción. Espero que el «error Rato» sea el único o el último. Porque si no confiamos en la Guardia Civil, ya no nos queda nada en qué confiar.

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