El punto y aparte que mutó en punto y seguido


Ha pasado ya un año desde que el punto y aparte de LA VOZ DE ASTURIAS se mutó en un punto y seguido. El periódico fundado por José Tartiere Lenegre en 1923 volvía así al fárrago diario, a la actualidad sin demora, a ese intento del periodismo por contar y explicar la realidad, un intento de aspiraciones tan grandiosas que necesariamente está abocado al fracaso. Es por tanto el periodismo la historia de una frustración permanente, una piedra de Sísifo que los periodistas asumimos con responsabilidad. Entre los millones de acontecimientos que van delineando nuestra sociedad escogemos un puñado y se los mostramos a los lectores con la esperanza de acertar, con el optimismo infundado que caracteriza a esta profesión de pesimistas. Así, minuto a minuto.

365 días han pasado desde la resurrección de LA VOZ DE ASTURIAS. Ahora en formato digital, con las herramientas propias del siglo XXI, accesible en su ordenador, tablet  o móvil, con los altavoces de las redes sociales, una suerte de periodismo total (audio, vídeo, palabra escrita, hipervínculos o gráfico interactivo) en el que todo es posible. Así nos planteamos este periódico hace ya un año, con el objetivo de aplicar nuestro oficio, de intentar reflejar la evolución de Asturias y de contárselo a los lectores. El reencuentro ha superado nuestras expectativas. Un año después,  la audiencia se ha multiplicado por diez respecto a la de ASTURIAS24,  el embrión digital del que renacimos, con una ampliación de contenidos y con el sostén de la Corporación VOZ y de LA VOZ DE GALICIA. Cerca de dos millones de lectores diferentes al mes, según Google Analytics, cuatro millones de páginas vistas y un rosario de noticias que radiografían hechos, opiniones o análisis de los pasos que están transformando Asturias ante nuestros ojos, aunque a veces no percibamos los cambios con un simple vistazo.

Este suplemento en papel que tiene en sus manos, estimado lector, quiere celebrar los doce meses, la efeméride de este joven periódico maduro que nació hace ya 94 años. Desde el primer día, las linotipias exhibieron una constante a la que ha sido fiel este periódico: su compromiso con el devenir de Asturias. Una pequeña región del Norte de España y del Sur de Europa aislada en el pasado por la orografía pero abierta en el presente a un mundo sin apenas barreras. En estas décadas les hemos relatado los quiebros políticos, la violencia de la Guerra Civil, las negruras de una larga dictadura, la gozosa llegada de la democracia. También la transformación económica del Principado, la evolución de una región industrial que atrajo e miles de trabajadores; los cambios en el mundo rural, que es la esencia a veces olvidada de Asturias. En este último año hemos dibujado en nuestras páginas digitales los asuntos en los que se debate la región para redescubrir esa sensación de dejá vu que nos caracteriza. El eterno debate sobre la Variante de Pajares, sobre la reforma de las instituciones, sobre los localismos, sobre la endémica despoblación o el éxodo rural, sobre la lucha contra la corrupción. Pero también hemos descubierto muchas caras nuevas: en la sociedad civil, en las iniciativas ciudadanas, nuevos empresarios, nuevos modelos, nuevas tendencias.

Por eso nos hemos hecho una pregunta de solo cuatro palabras: Asturias, ¿hacia dónde vamos? En plural mayestático, incluyéndonos en ella; que nos perdonen los puristas. En este cruce de caminos del siglo XXI, en la encrucijada de un mundo en un cambio frontal, hay que encontrar una dirección, o varias, para definir el sentido al que debe aspirar esta región. La pregunta la hemos lanzado a una veintena de asturianos relevantes, que nos aportan su granito de arena, su visión particular sobre Asturias y sobre el futuro. No se trata tanto de acertar con la dirección (nadie sabe el futuro) sino de apuntar unos síntomas y extraer conclusiones. Lean pues las propuestas del mundo académico (el rector Santiago García Granda, el exrector Juan Vázquez, Fermín Rodríguez, Paz de Andrés, Xosé Lluis García Arias o Roberto González-Quevedo), sociocultural (Teresa Sanjurjo, Conchita Quirós, Carlos García Mauriño), de escritores como Xuan Bello, Miguel Barrero o Xandru Fernández, músicos como Chus Pedro, empresarios/cocineros como Nacho Manzano, deportistas como Juan Mata, políticos como Gaspar Llamazares, Jonás Fernández, Lorena Gil o Susana López Ares, periodistas como Mario Bango o abogados como Raimundo Abando Tartiere. Pasen y vean.

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