Ese fiscal del que usted me habla


El episodio cómico-dantesco del reprobado exfiscal Moix ha vuelto a poner de relieve la torpeza del presidente Rajoy, de su Gobierno y del PP y su muchachada. Apechugan con el coste de defender contra el sentido común y las pruebas irrefutables a quienes en su entorno cometen irregularidades para después tener que dejarlos caer. Es un error que vienen cometiendo como si fuesen unos primerizos en estas situaciones. 

Al ya depuesto exfiscal lo han defendido desde Rajoy a Celia Villalobos, en eso coincidieron con Ignacio González; el reprobado ministro Catalá y el reprobado fiscal general. Y, naturalmente, todos y cada uno de los hinchas populares que calificaron sus desmanes de cacería intolerable y lucha de fiscales. «Es un profesional de exitosa trayectoria», dijo uno, «un profesional intachable», dijo otro; «no hay nada reprochable», dijo el reprobado jefe inmediato de Moix y Rajoy, en una arriesgada pirueta le declaró su confianza ante la prensa internacional. Y todo para que a partir de mañana, Moix pase a ser ese fiscal del que usted me habla. Como siempre.

Lo del PP ante la corrupción, ilegalidades e irregularidades de los suyos resulta incomprensible; porque llueve sobre mojado. Desde Bárcenas a Ignacio González, pasando por Camps, Aguirre, Mato, Soria o Granados, colocaron parapetos como si eso fuese suficiente ante los desmanes, para al final tener que aceptar la realidad.

Y lo hacen aún a costa de su prestigio y de su credibilidad. ¿Qué hacen y dicen los gurús de imagen del partido y del Gobierno a los que resarcen su trabajo con decenas de millones? Porque esta torpeza es difícil de imaginar hasta en un escolar de primaria.

Lo peor es que en cada una de estas defensas inútiles el Gobierno y los suyos se dejan parte de su prestigio, que ya está bastante tocado. Y el saco de la credibilidad, la confianza y la reputación tiene un límite. Y nuestra paciencia, también.

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