La política se ha vuelto una quiniela


«Está muriendo gente que no se había muerto nunca», dicen los graciosos en los tanatorios. La política es igual: hace que ocurran cosas que nunca habían ocurrido. Todo es imprevisible, todo rompe moldes y convicciones, no hay un modelo ensayado que valga para este tiempo. Recordemos telegráficamente algunos episodios que confirman la tesis: los referendos de Colombia y del brexit; el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos; la victoria de Macron, un hombre que se presentó sin partido político detrás; las sucesivas humillaciones de la socialdemocracia en Europa después de todos los servicios prestados; en España, la derrota de Susana Díaz, aunque esta sí tenía el precedente de derrotas de protegidos por el aparato en las primarias socialistas… 

Y ahora, lo del Reino Unido. Hace un mes, el candidato laborista Jeremy Corbyn era un derrotado de antemano. La opinión lo presentaba como un tipo desnortado, con un programa inviable y con una pésima imagen como posible gobernante. Su rival, Theresa May, llegó a sacarle más de veinte puntos de ventaja en las encuestas de intención de voto. Corbyn era un cadáver político. Y de pronto, el milagro: empezó a dar señales de vida. Empezó a subir en las encuestas. Consiguió poner de los nervios a la señora May, que ahora huye de los debates como si fuesen el infierno. La última encuesta de The Times sitúa a Corbyn pisándole los talones: solo les separan tres puntos porcentuales.

Los grandes expertos en política internacional creen que, a pesar de todo, ganará May o, como mucho, las elecciones se saldarán con un empate técnico. Pero el denostado Corbyn ya consiguió su gran éxito: el público lo puso a la altura de su rival. Pase lo que pase en las urnas, ya es el vencedor moral. Un Partido Laborista devorado por la oleada conservadora resurge de sus cenizas. Sigue muriendo gente que no se había muerto nunca. Sigue pasando cosas que nunca habían pasado. La política ha dejado de ser una ciencia a tener aspectos de misterio. Quizá se esté produciendo una revolución cuyos perfiles tardaremos mucho tiempo en tener claros. El pueblo, cuando habla, es una caja de sorpresas.

¿Cómo aplicar todo eso al momento político español? Con mucha cautela. Las próximas elecciones, cuando sean, tienen mucho de reválida de los partidos nuevos. Asistimos a dos batallas coincidentes: la lucha entre el PSOE y Podemos por el voto de izquierda y la lucha de PP y Ciudadanos por el voto de centroderecha. Será el espectáculo de los próximos meses. Y un mensaje para los gobiernos catalán y español: mejor no jugar con el referendo. Tal como está el mundo y las corrientes subterráneas de la política, puede no ser una consulta; puede ser una quiniela.

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