Lo vemos muy negro


Si nuestros mandarines le hiciesen caso a los resultados de los barómetros del CIS cambiarían radicalmente su forma de proceder. Pero el problema es que el CIS no son las urnas y ellos sitúan todos sus objetivos en las consultas electorales, mostrando un escaso respeto por el resto de nuestras opiniones. Y la mayoría de los ciudadanos de este país, llegado ese momento, parecen sufrir un golpe de amnesia. La foto que nos deja el CIS es demoledora. La corrupción aumenta 12 puntos porcentuales en un solo mes; la preocupación por el paro se va al 71 %; la clase política es nuestro tercer problema; el 94 % creen que la situación económica es muy mala, mala o regular y el 0,2 %, es decir nadie, piensan que la situación política es muy buena.

Nuestras preocupaciones crecen respecto a todos los problemas que nos acucian. Y eso a pesar de que ya sabemos que se está creando empleo como nunca, combatiendo la corrupción como nunca y mejorando la economía como nunca. Vamos, por tanto, mejor que nunca, según nos dicen, pero nuestras opiniones, que deberían de ser lo que importa porque somos los que padecemos los problemas alejados de los eslóganes electorales, dicen que estamos en un mal momento. Y que el futuro no nos abre nuevas esperanzas porque el porcentaje de los que creen que la situación política dentro de un año será peor que hoy sube cuatro puntos.

Lo vemos todo muy negro. La realidad no nos agrada y la mayoría somos pesimistas. Pero ya decía Saramago que «los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay».

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