Memoria del día después

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Ahora que se ha recordado tanto el 15 de junio de 1977, yo quiero ponerle una mínima memoria al día siguiente, el 16 de junio. Recordaré siempre aquella mañana en el palacio de la Moncloa. El equipo de limpieza había tenido trabajo, porque el despacho de Suárez había sido poco menos que un club nocturno donde el propio jefe de Gobierno, ministros y gentes de mediano pelaje como un servidor habíamos pasado muchas horas de copas, tabaco y tortilla española. Primero, para calmar los nervios, porque empezó ganando el PSOE, y después, para alegrar la cara y celebrar que UCD iba ganando. La secretaria de Suárez pasaba notas constantes de las provincias. El ministro del Interior adelantaba al presidente lo que iba a salir en las pantallas del Centro de Datos. Todo muy manual, porque no existían los móviles, ni Internet, ni redes sociales, ni nos imaginábamos que algún día pudieran existir.

Y aquel día, el 16 de junio del 77, fue cuando pudimos ver cómo era realmente este país. Acababa de asomar el bipartidismo, con una UCD y un PSOE que sumaban 284 escaños. El resto de partidos solo sumaban 66. El pueblo español acababa de mandar el mensaje de qué bolsa de votos estaba en el centro: la Alianza Popular de Fraga, todavía recubierta de moho franquista, se quedó en 16; el poder comunista resultó ser más imaginario que real y, habiendo sido la auténtica oposición a Franco, se conformó con veinte asientos: no había tantos comunistas como temían los militares que se rebelaron contra su legalización. Los nacionalistas demostraron que tenían algo que decir. La izquierda tuvo su primera lección del precio que se paga por la división: si Felipe González hubiera aglutinado a todos los partidos socialistas, habría ganado las elecciones. Y quedaron fuera o con representación mínima los extremismos de izquierda y de derecha. Aquella fue la primera barrida de radicales.

Y un juego que ahora puedo plantear con cierto desparpajo: ¿qué hubiera pasado si Fraga, hombre de ideas firmes, hubiera ganado aquel día? Que no habría habido el consenso constitucional que un Suárez de ideología pragmática buscó y propició. Aquello solo lo podía promover alguien como él. ¿Y qué hubiera ocurrido si hubiera ganado Felipe González a la primera? Que un escalofrío habría recorrido la espina dorsal del sistema y, dentro del sistema, del Ejército. Para los militares sería como si los rojos hubieran ganado la guerra 39 años después. Y, si hubiera ganado Carrillo, ni les cuento: habría tanques en la calle. Aquel 16 de junio del 77 no lo supimos ver por falta de perspectiva; pero salieron unos resultados que parecían diseñados para completar la transición. Un gabinete de estrategia no lo hubiera hecho mejor.

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