Delincuentes sexuales, alarma social

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Un monstruo. Así califica la Policía al siniestro personaje conocido como «el violador del ascensor» y últimamente como «el violador de La Paz». No escuchaba esta calificación de un delincuente desde que la joven austríaca Natascha Kampush consiguió escaparse de un hombre que la había tenido secuestrada durante ocho años. La relación de delitos del violador español es espeluznante, tanto en su primera etapa antes de ser detenido en A Coruña, como en este segundo período tras su puesta en libertad. Estamos ante un depredador sexual. Estamos ante la estadística que dice que uno de cada diez delincuentes sexuales no se rehabilitan. Estamos ante un problema de enorme magnitud. Estamos ante uno de los casos que provocan una justificadísima alarma social.

No saben los jueces del Tribunal de Estrasburgo el favor que nos hicieron al no aceptar la doctrina Parot del Tribunal Supremo que aplicaba los descuentos de la redención de penas al total de la condena y no al límite de permanencia en prisión. Gracias a ese favor, hubo que excarcelar a delincuentes peligrosos, entre ellos cuatro violadores probados. Y en este caso no se cumple la estadística: de los cuatro, dos han vuelto a ser juzgados y condenados, y un tercero (el violador del ascensor) ingresó ayer sin fianza por orden del juez. En los beneficiados por la anulación de la doctrina Parot, el porcentaje de reincidencia se elevó al 75 por ciento.

Como es natural, este caso ha vuelto a poner sobre la mesa una polémica tan vieja como el Derecho: ¿Qué se hace con estos depredadores? ¿Cómo se les devuelve a la sociedad si se sabe que un indeterminado número de ellos recae y vuelve a cometer los delitos? ¿Qué conciencia puede admitir que por garantismo de las leyes siembren el pánico en los lugares donde viven después de la cárcel porque cualquier mujer puede ser violada? ¿Qué tipo de buenismo lleva a algunos dirigentes políticos a darles el mismo tratamiento penal que a otros delincuentes que no provocan esa alarma?

Ahora, desde la última reforma del Código Penal, tenemos la nueva figura penal (nueva en España) de la prisión permanente revisable. Cuando se discutió en el Congreso provocó agrios enfrentamientos. Como consecuencia, los partidos que perdieron aquella batalla parlamentaria llevan la derogación de esa pena en su programa electoral. No descarto que cualquier día la oposición dedicada a anular reformas del PP anule también esta forma atenuada de cadena perpetua. Tienen sus razones, naturalmente. Pero el violador del ascensor creo que justifica una petición de que lo piensen mejor. A ver si ocurre que, por un mal entendido de los derechos humanos, lo volvamos a ver en libertad. En libertad para violar.

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