Pobre Cristiano

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El padre, a las puertas del garaje, le pregunta a su hijo: «¿Qué coche falta?». El niño responde: «El Ro...». Error. «No, el Rover está fuera. ¿Qué coche falta aquí? Míralos». Los ojillos escanean flamantes carrocerías. Nueva apuesta. «¿El Porsche?». Agua. «Mira bien, mira bien». El pequeño prosigue con su inspección: «¿El Royce?». Tampoco. «Uno que es muy rápido». Y, de repente, la duda del rostro infantil se disuelve en una sonrisa: «¿Lamborghini?». Victoria al fin. «¡Ah! ¡No lo sabías! Le están cambiando una rueda». Conversación real. Entre Cristiano Ronaldo y su hijo. Y una de las escenas más reveladoras del documental Cristiano, presuntamente rodado a mayor gloria del jugador portugués. Ese viene siendo el hombre que se considera víctima de la injusticia en general y que en los últimos tiempos se siente maltratado por España y perseguido por Hacienda en particular. Llegan lamentos más propios del mundo de las tonadilleras que del universo de los futbolistas. Como los de Florentino Pérez. Ahora vendrán los de José Mourinho, señalado también por la Fiscalía. A Jorge Mendes se le derrumban las torres. A ninguno de ellos les sirve la estrategia del Barcelona, convertir las deudas de sus jugadores con el fisco en una cuestión nacionalista, en un nuevo episodio de acoso a los catalanes: «Madrid está contra nosotros». Sin embargo, hay una teoría muy simple que sirve para todos. Para Mourinho, Cristiano y Messi: «Es que ya han pagado mucho». Ofrecen tanto por tan poco... Lo lógico sería el perdón. ¿Qué son unas decenas de millones después de haberle regalado 60.600 a los bancos? Es para pensárselo. Los banqueros nos metieron muchos goles, pero nunca nos regalaron un caño ni una chilena. Un poco de caridad. Que la rueda del Lamborghini no se paga sola.

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