Inquisidores, ocultadores y otras sospechas


Mi confianza en una comisión de investigación como la inaugurada ayer en el Congreso es perfectamente descriptible y manifiestamente mejorable. Quiero decir que confío lo justo, tirando a nada. Primero, porque no me puedo fiar de la intención de unos partidos de oposición que basan toda su estrategia en acusar al Partido Popular de ser el partido más corrupto de Europa y a su presidente de ser poco menos que el jefe de una banda de ladrones. Estos señores no buscan la verdad de la financiación ilegal del PP, sino que parten de un principio: si alguien contradice en el Congreso sus conclusiones apriorísticas, será automáticamente calificado como delincuente o cooperador con la corrupción. Siento decirlo, pero es lo que se desprende sobre todo de las actitudes de Podemos y del Partido Socialista. No diré que son inquisitoriales, pero sí exageradas. Nadie se fiaría de un juez que se expresase como ellos.

 Y segundo, porque tampoco me puedo fiar de la actitud del PP. Mucho debe tener que ocultar para oponerse de forma tan radical a la comisión, hasta el punto de calificar como «Torquemadas» a quienes preguntan, de pedir el amparo del Constitucional o de replicar con otra comisión en el Senado, que tiene toda la pinta de ser una revancha o una suelta de tinta de calamar para demostrar que todos los partidos están pringados de corrupción y malas prácticas. Estamos, por tanto, ante algo que oficialmente se llama comisiones de investigación, pero que en la práctica suena a ajuste de cuentas o preparación de elecciones. Esto último lo demuestra la intención publicada de hacer que la llamada comisión Bárcenas se prolongue hasta el final de la legislatura para llegar a las urnas con el PP contaminado por la sospecha, mordido por la realidad antigua y metido en una balsa de porquería.

¿Existe corrupción en el PP? Por supuesto. Y además, doble: la de personas que se enriquecieron de forma indecente y la estructural, que se surtió de las comisiones o del dinero negro con que se financiaron campañas electorales. Pero quizá tenga razón Bárcenas: la oposición se equivocó al investigar en este momento, cuando tantos responsables están sub iudice y todos pueden hacer lo del extesorero: acogerse a su derecho a no contestar para no perjudicar su situación judicial o la de otros. Puede ser todo un espectáculo. Deprimente si no se saca agua de ese pozo. Perjudicial para la salud ética de nuestra clase política, si persisten las dudas y sospechas. Y este cronista solo mantiene una pregunta que algunas veces planteó: si se trata de hechos pasados y judicializados, ¿por qué el PP no se desnuda y cuenta toda la verdad de lo ocurrido? ¿Qué es lo que en el fondo tiene que ocultar?

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