División en la Generalitat


Debe de ser que desde este lado del mapa estamos tan alejados que cuesta descubrir los beneficios de la Cataluña del futuro, en el caso de que Puigdemont logre salirse con la suya. Por más que uno se empeña en buscar aspectos positivos no encuentra ni uno solo que pueda llevar a demócratas catalanes a apoyar la aventura.

Ayer mismo, el conseller Baiget puso en duda la celebración de la consulta, y solo unas horas después, fue fulminantemente destituido por Puigdemont. Todo un síntoma de la división en el seno de la Generalitat y del propio soberanismo.

Control del Govern, de la Justicia, de la Fiscalía, de los Mossos, de los medios de comunicación, de las empresas, de los funcionarios... En fin, control absoluto. Y no es que Nicolás Maduro se haya instalado en Barcelona, pero resulta incomprensible que alguien venda un producto tan averiado.

Tranquiliza saber que solo el 11,9 % de los catalanes se muestran convencidos de que esta carrera acabará en la independencia. Y ahí hay que incluir a Puigdemont, Llach, Junqueras, sobrinos, primos y demás familia. Es un porcentaje ligeramente inferior al que considera imprescindible suspender la autonomía a martillazos.

Quienes enarbolan la bandera del futuro por libre están arrasando con los derechos de los ciudadanos. Con las libertades. Con la convivencia. Y esa forma de entender la vida tiene un nombre que da tanto miedo que ni me atrevo a pronunciar.

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