Nos vemos en la Moncloa


¡Gran noticia! ¡El jefe del Gobierno y el jefe de la oposición se hablan! ¡Más noticia todavía: se saludan largamente a las puertas de la Moncloa e incluso se observa un esbozo de sonrisa entre ambos! Os lo juro: hay testigos, incluso fotos, que dan fe. ¡Y todavía más grandioso! ¡Estuvieron hablando durante dos horas y media, que son 150 minutos! Los que esperábamos el final de la cita reloj en mano, parecíamos padres primerizos a la puerta del paritorio. Cuando terminó el encuentro nos cruzamos apuestas sobre esa duración: había quienes sostenían que se había batido el récord de conversación entre presidente y adversario. Aunque parezca un detalle trivial, no lo era: el tiempo, la duración, aumentaba la trascendencia del magno acontecimiento. No es lo mismo 15 minutos que 150.

¿De qué hablaron durante tanto tiempo? ¡Oh, querido lector! Es que llevaban tanto tiempo distantes, que tenían mucho que contarse. El uno, de cómo ha visto el brexit y de qué se cuenta por Europa de Donald Trump. El otro, de cómo había logrado dominar el dragón Susana y cómo iba a hacer oposición de Estado, que es oposición más noble que la ordinaria y populista. Y de pronto el uno preguntó al otro cómo veía lo de Cataluña, y ambos se despacharon a gusto sobre Puigdemont y otros demonios catalanes. «En eso tenemos que caminar juntos», se supone que dijo Mariano. Y Pedro le respondió: «Juntos, pero no revueltos», juntos para defender la ley, separados en las soluciones. «Tienes que dar soluciones políticas, presidente», y el presidente preguntó cuáles son las soluciones políticas. Y así, dos horas y media.

Total: una reunión entretenida que mereció del ministro portavoz la calificación de «tono cordial», algo impensable hace un año, cuando el «usted no es decente» y el «usted es un ruiz, un ruin». Más inquietante, la lectura de Margarita Robles, a quien se le escapó una alusión a las «responsabilidades políticas» en el deterioro de la situación catalana. ¿Responsabilidades políticas? Suena fuerte. Es como si el PSOE acusase al presidente de ser el culpable de la ruptura de España. Es como si estuviese acumulando pruebas sabe Dios para qué. Y lo dijo una magistrada del Supremo.

Para el balance queda esto: la Constitución les une, pero les separa el método. Sánchez adquiere una dimensión nueva, que es la de ponerse en pie de igualdad con el presidente. Rajoy logra romper la soledad en los asuntos más acuciantes de su gobernación. Parece claro que Pedro tiene mucho más que hablar con Mariano que con Pablo o con Albert. Y que no se me olvide: no parece que haya moción de censura en el horizonte. Si no he entendido mal, solo la podría justificar un desenlace desastroso del barullo catalán.

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