Don Abundio y la independencia fiscal

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Ese Estado imaginario que todavía se llama Cataluña y no República Catalana acaricia un nuevo sueño, incluso anterior a la proclamación de soberanía: la independencia fiscal. Lo que estáis leyendo: la ruptura con la Hacienda española, con Montoro y sus equipos y con todo lo que huela a recaudación, gestión de impuestos y sanción por no pagarlos por parte del Estado español. Lo dijo ayer el presidente Puigdemont: la Agencia Tributaria de Cataluña está «a punto de asumir» los impuestos que «aún pasan» por la Administración española. Se refiere, porque loco no está, a los impuestos cedidos, pero lo considera el primer paso para lograr «una Hacienda catalana completa».

Espero que le salgan las cuentas, porque para ese primer paso dispone de 32 nuevos locales cuyos gastos generales hay que mantener y va a contar con una plantilla de cerca de 800 empleados, cuyos sueldos hay que pagar cada mes. El afán de controlar los impuestos no dará a la Generalitat más dinero para hospitales ni escuelas, pero seguirá aumentando su gasto de consumo y, por tanto, su ya espectacular endeudamiento. Puigdemont puede ser la reencarnación del célebre Abundio, que vendió su coche para comprar la gasolina.

Pero ese es asunto administrativo suyo, y los catalanes sabrán valorarlo. Lo interesante es que lo considere el primer paso para la soberanía fiscal. Para quienes dudan de la sinceridad de su proyecto separatista, sepan que no da un paso que no persiga la creación de estructuras de Estado. La principal es, sin duda, la estructura que le permita tener los recursos económicos suficientes para levantar cada mañana las persianas de su tienda nacional. En eso anda, lo prometió en varias ocasiones y, ya que no disfruta de las ventajas del Concierto del País Vasco, entiende que debe ir por la senda de los hechos consumados.

Será muy entretenido. Puestos a jugar con futuribles, que no son exclusiva de Puigdemont, imaginaos que un día el Gobierno catalán decide que la encargada de recaudar todos los impuestos -también el IRPF y Sociedades- es la Agencia Tributaria catalana. Empresas y personas físicas recibirán instrucciones de cómo ingresar a la Hacienda catalana. Pasados los plazos, saltarán los ordenadores de Montoro, que son los más eficaces del mundo, y empezarán a reclamar y poner sanciones a cada moroso. «Yo ya he pagado a Cataluña», alegarán los investigados. «Aquí solo figura que usted no ha pagado», responderá el ordenador. Y se pondrá en marcha la maquinaria imparable. Puigdemont no podrá mantener el invento, pero sus coros ya tendrán otro punto para su lista de agravios: después del «no nos dejan votar», vendrá el «no nos dejan cobrar», otro derecho fundamental. Qué hastío.

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